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lunes, 12 de mayo de 2014

El jardín de los Finzi-Contini


El jardín de los Finzi-Contini (Il giardino dei Finzi-Contini) es una película italiana del año 1970 basada en la novela homónimade Giorgio Bassani,
La película, que fue dirigida por Vittorio de Sica y contó con la actuación de Lino Capolicchio, Dominique Sanda y Helmut Berger, fue premiada con el Oso de Oro en el Festival de Berlín de 1971,1 el Premio David de Donatello a la mejor película el mismo año y el Óscar a la mejor película de habla no inglesa en 1972, habiendo sido también nominada al Óscar al mejor guion adaptado.2
La película sigue con bastante fidelidad la trama de los capítulos centrales de la novela original, prescindidendo en buena medida de la primera parte, centrada en la infancia de los protagonistas, y por completo del prólogo y el epílogo, que se desarrollan catorce años después de los hechos principales. El guion fílmico se centra en los años de la Segunda Guerra Mundial, aprovechando la anécdota argumental de un amor juvenil frustrado para señalar el clima de pasividad y sumisión con que las familias judíasacomodadas de Italia afrontaron el fascismo y la creciente persecución racial, en la medida en que, ligadas a los valores liberal-conservadores de la era prefascista y conscientes de sus privilegios de clase, sencillamente no podían creer que fueran a ser perseguidas en su propio país por la sola razón de un credo o un origen racial diferentes.
El jardín de los Finzi-Contini fue la primera aparición estelar de Dominique Sanda en Italia y uno de los primeros papeles de Helmut Berger en un largometraje, después de su debut con Visconti en La caída de los dioses. Ambos actores hubieron de ser doblados al italiano por actores de esta nacionalidad.

La familia Finzi-Contini, intelectual y refinada, es también una de las más ricas y aristocráticas de la comunidad judía de Ferrara. Viven retraídos en una lujosa mansión, rodeada por un inmenso jardín. A partir de 1938, cuando en aplicación de las leyes raciales fascistas se prohíbe el acceso de los "no-arios" a los clubes deportivos de la ciudad, Alberto y Micòl, los hijos veinteañeros de la familia, invitan a jugar al tenis en su casa a otros jóvenes judíos menos adinerados. Entre ellos se encuentra Giorgio, que fue amigo de infancia de Micòl y que se enamora perdidamente de ella, que a su vez parece dispuesta a que entablen una relación. Sin embargo, Giorgio deja pasar la ocasión de declararse y Micòl marcha bruscamente a Venecia para finalizar su tesina de licenciatura. A su retorno, cuando Giorgio confiesa por fin su amor, Micòl le rechaza, sin revelarle el verdadero motivo: que entretanto ha comenzado una relación con Giampiero Malnate, un joven comunista, amigo de su hermano Alberto y también de Giorgio (en la novela esta relación está solo sugerida, o más bien sospechada por el protagonista). Cuando descubre la verdad, Giorgio se siente doblemente traicionado: en su amistad y en su amor.

Todo este episodio triangular relativamente corriente se ve envuelto en las dramáticas vicisitudes históricas. La persecución racial se hará más y más opresiva según avanza la Segunda Guerra Mundial. Todos los jóvenes judíos que frecuentaban el jardín de los Finzi-Contini serán arrestados en 1943, salvo Giampiero Malnate, muerto en la campaña de Rusia, y el propio Alberto Finzi-Contini, muerto de enfermedad y sepultado en el ostentoso panteón familiar. El epílogo trágico de la deportación de Micòl y de toda la familia Finzi-Contini acaba por derribar sus ilusiones de aislamiento y por nivelar sus diferencias de clase con el resto de la comunidad judía de la ciudad, al someterlos a todos al destino común de la muerte en un campo de concentración en Alemania. Cuando los judíos son conducidos a una escuela próxima al Castillo de los Este como etapa previa a la deportación, Micòl y su abuela, separadas del resto de la familia, se encuentran con el padre de Giorgio, que las toma a su cuidado y les comunica su esperanza de que su hijo y el resto de su familia hayan podido huir al extranjero. La pantalla muestra entonces imágenes retrospectivas de los días felices de los partidos de tenis y la pista ahora vacía, acompañadas en la banda sonora de las notas de un lamento fúnebre judío.

jueves, 17 de abril de 2014

Los trasplantes y ‎Hollywood

¡¡¡¡Cuánto daño ha hecho el cine americano cateto al mundo de los trasplantes (y alguna que otra serie española, también)!!!!!
 

Si en el país del león de La Metro, con dinero te ponen hasta un calcetín de nariz, si te empeñas, no nos puede extrañar que se hayan tirado tantos rollos sobre trasplantes imposibles. Lo malo es que muchos no ven más allá de las películas, y pondrían la mano en el fuego, si hiciera falta, en defensa de la veracidad que los peliculeros nos narran.

Tiene guasa que en nuestro país se penalicen las campañas personales de donación de órganos, porque queda feo, y porque los que piensan temen que eso nos lleve al lado oscuro. Tiene más guasa que se permitan películas donde un héroe guapetón va regalando sus órganos de uno en uno, persona por persona: a tí, mi hígado; tú, porque me sale de ahí, mis pulmones; y tú, que estás como un queso, te quedas mi corazón. Qué bonito es el amor, como siempre en primavera, y más si me pongo con él las botas a base de taquilla.

¿Os acordáis de Siete Almas, y Will Smith haciendo de diosecillo repartidor? Eso, visto por una trasplantada, no es un drama: es cachondeo. Pero, si nos tragamos Frankenstein, a partir de ahí cuela todo.

Más difícil es acordarse de "Jarri"el sucio haciendo de agente del efebeí en Deuda de Sangre, pero más de lo mismo. Aquí la guasa no está solo en cómo le toca al bueno el corazón donado, sino cómo se salta el tratamiento inmunosupresor a su bola, sin hacer ni rechazo ni nada, mientras salta tras de un asesino cual rana entre charcos. ¡La madre que lo parió! Terminator a su lado era chatarrilla. Clint Eastwood, limpio o sucio, es duro de pelar, vale, pero, oigan, ni una plasmaféresis que se llevó...

Lo de John Q ya es harina de otro costal. Otro mal ejemplo a seguir, imposible de todas todas, pero creíble en la tierra de Tío Gilito. Si aquí nos topásemos con un Juan G., la historia sería menos de guión de cine: Juan G. se montaría perfiles en las redes sociales, y en un pispás la gente pondría el grito en el cielo. Pero, si no hay corazón, no hay corazón. Y no dependerá de que se pueda comprar o no, sino que no lo hay, y punto. Punto final para Juanito G, hijo, por triste que sea. Así hemos vivido ya algunos casos de niños que se han quedado esperando.


 

Aquí no hay que tener seguro de pago. Sólo órganos. Y en la versión española, tal y como lo está haciendo hoy por hoy Eduardo Rangel, Juan G. estaría metido hasta las trancas en esto de conseguir más donantes a base de sensibilización. La madre de Eduardo no llegó a recibir el órgano que necesitaba. Ahora él corre Donando Vidas. Por cierto, no olvidéis que estaremos con él en su camino. Los de Sevilla, en la Plaza de España, el mismo día 1 de mayo. 

Volviendo al cine, y a nuestro país, no puedo dejar de contaros lo que pasó en el Hospital La Fe de Valencia. Un hombre llegó pidiendo su tarjeta de donante. Hasta ahí, todo normal. Que lo pida estando de los nervios, y rechace la ayuda del equipo de la Coordinación, eso ya es filón hollybudiano; y que acabe con un tiro en la sesera, queriendo hacer su santa voluntad, eso ya... ni Will Smith. 

No tengo ni idea si se ha podido cumplir esa voluntad, pero entiendo que no. Los donantes han de serlo estando cuerdos, y a este pobre hombre parece que se le había ido la pinza. 



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Si cada persona que manifiesta querer donar sus órganos pudiera serlo, nunca habría listas de espera; pero se tienen que cumplir muchas condiciones: fallecer en un centro hospitalario, que la familia acepte, salvo que haya firmado eso de la Declaración de Voluntad Anticipada; que las causas de la muerte no generen duda alguna (no valen asesinados, ni suicidados, que sean susceptibles de autopsia); que haya muerte cerebral... vamos, un rosario de condiciones. Así que, señores suicidas, si de verdad quieren donar, háganlo en vida, todo lo que se pueda donar (al menos un riñón, y un trozo de hígado), que las prisas son muy malas. Luego ya verán como el dar hace que vuelva el sentido a la vida y desaparezca la idea del The end. Eso, para las películas.



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Medidas desesperadas


Beatriz González Villegas.
Publicado en:  http://asociaciondetrasplantadosdepancreas.blogspot.com.es/2014/04/los-trasplantes-y-hollywood.html

jueves, 20 de mayo de 2010

Pasiones y vanguardia artística

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Carla Peterson y Bruno Bichir se lucen como Blanca Luz Brun y David Alfaro Siqueiros

El mural retrata a la elite porteña de los años 30 con sensibilidad y pericia

El mural (Argentina-México, 2010). Dirección: Héctor Olivera. Con Luis Machín, Carla Peterson, Bruno Bichir, Ana Celentano, Sergio Boris y otros. Guión: Héctor Olivera, Antonio Armonía y Javier Olivera. Fotografía: Félix Monti. Música: Eduardo Gamboa. Presentada por Aries Cinematográfica. Hablada en español. Duración: 123 min.Calificación: para mayores de 16 años.
Nuestra opinión: buena

En los años treinta llega a Buenos Aires el ya por entonces prestigioso muralista mexicano David Alfaro Siqueiros. Aquí toma contacto con las más importantes figuras de la cultura y de la sociedad de la época, entre ellas Pablo Neruda, que se hallaba en el país, y conoce a Natalio Botana, propietario y director del diario Crítica . Ese muralista subyugado por el micromundo artístico y por las más hermosas mujeres que lo rodean acepta un gran desafío: hacer en la quinta Los Granados, de Botana, un gran mural que abarcaría todo el sótano de la finca. Con la colaboración de los pintores argentinos Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino y el escenógrafo uruguayo Enrique Lázaro, el mural va tomando cuerpo mientras se tejen varios conflictos íntimos que, en torno de Siqueiros, conforman la contradictoria esposa de Botana, la poetisa Blanca Luz Brun y el propio Neruda, a los que se suman figuras tan importantes de esos años como la escritora Victoria Ocampo y el presidente Agustín P. Justo.

No era fácil narrar una anécdota que, basada en hechos reales, hiciese pie en un momento decisivo de la elite porteña, pero Héctor Olivera, como ya lo había demostrado en ¡Ay, Juancito! , supo componer con atenta mirada esos personajes que transitaron por la historia argentina. Con una minuciosa reconstrucción de época que abarca desde la mansión de Botana hasta las instalaciones del mítico diario, pasando por calles y lugares típicos de aquellos tiempos, el realizador demuestra una vez más su pericia para retratar a Siqueiros y especialmente a Botana y su familia, insertos estos últimos en las convenciones de la época, y a ello ayuda el casting de sus actores. Así Luis Machín como Botana, el actor mexicano Bruno Bichir como Siqueiros y Carla Peterson, Ana Celentano y Sergio Boris supieron salir airosos de sus respectivos compromisos. No menos lograda es la fotografía de Félix Monti y, sobre todo, la labor de Graciela Galán, que recrea ajustadamente el vestuario de la época.

El mural es, pues, un logrado intento de Olivera de sumar a su extensa filmografía un momento más de las páginas de nuestro devenir histórico, y lo hace con el oficio y la sensibilidad que siempre puso de manifiesto en toda su filmografía.

Adolfo C. Martínez

Fuente: La Nación

"ZENITRAN": un héroe argentino en problemas

Bajo la dirección de Luis Barone llega hoy este original filme a las salas locales

Día de estrenos en la ciudad. Hoy las salas locales se renuevan con "Zenitram", una original cinta futurista dirigida por Luis Barone y que cuenta las aventuras de un argentino agobiado por sus superpoderes.

La acción del filme transcurre en el año 2025, cuando las grandes empresas se adueñaron del agua y la Argentina vive en un gobierno con gestos populistas y políticas antinacionales.

En medio de este panorama desalentador, Martínez -un joven que acaba de perder su trabajo como recolector de basura- recibe en los baños de Constitución el poder de dominar el agua.

Junto con este don, también adquiere el poder de volar y de ser prácticamente invulnerable. Pero la fama súbita que adquiere lo angustia y termina adicto a la cocaína.

El espiral de excesos en el que cae hace que un día, en pleno acto oficial, se estrelle volando contra el obelisco y quede al descubierto su enfermedad.

Avergonzado y con la población en su contra, termina exiliado en una clínica de rehabilitación de Miami, desde donde intentará recuperar la fama y la dignidad perdidas.

Con el protagónico de Juan Minujín, esta original película -diferente al canon tradicional del cine argentino y con gran producción- cuenta con un elenco en el que se destacan Luis Luque, Daniel Fanego, Steven Bauer, Jordi Mollà, Verónica Sánchez, Jorge Rulli y Daniel Santoro.

"Zenitram" tiene un guión escrito por el propio Barone junto a Juan Sasturain y Jesús de la Vega, y resultó ganadora del concurso del Bicentenario, convocado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.

Fuente: El Día

Luis Machín encarna a Natalio Botana en la película El muro

La coproducción argentino - mexicana se estrena hoy

Se estrena en los cines la coproducción argentino-mexicana El mural. Esta película, dirigida por Héctor Olivera y con Javier Olivera como director adjunto, tiene como protagonistas a Luis Machín, Carla Peterson, Ana Celentano y al actor mexicano Bruno Bichir.

El prestigioso realizador y productor Héctor Olivera, premiado dos veces con el Oso de Plata en el Festival Internacional de Cine de Berlín por recordadas películas como La Patagonia rebelde y No habrá más penas ni olvido, fue también director de La nona, La noche de los lápices y Ay Juancito, entre otros.

Con un elenco encabezado por Luís Machín en el personaje de Natalio Botana, el poderoso director del diario Crítica; Carla Peterson, como la bella poeta Blanca Luz Brum; Ana Celentano, encarnando a Salvadora Medina Onrubia, la contradictoria esposa de Botana, y el actor mexicano Bruno Bichir, en el personaje del muralista David Alfaro Siqueiros, autor del mural Ejercicio Plástico, el elenco se completa con Sergio Boris como Pablo Neruda, Mónica Galán como Victoria Ocampo y Luis Campos como el Presidente Agustín P. Justo. En otros roles significativos actúan Juan Palomino como un policía y los jóvenes Camilo Cuello Vitale y Rodrigo Noya como Carlos y Helvio, hijos del matrimonio Botana.

El mural –cuyo libro pertenece al mismo director con la colaboración de Javier Olivera y de Antonio Armonía (autor mexicano)– desarrolla su acción en los años ‘30, cuando llega al país David Alfaro Siqueiros.

La película relata las distintas circunstancias que llevaron al pintor a realizar el famoso mural en la quinta Los Granados, propiedad de Natalio Botana, con la colaboración de los pintores argentinos Lino Enea Spilimbergo, Antonio Berni y Juan Carlos Castagnino y el escenógrafo uruguayo Enrique Lázaro, más las complicadas y entrecruzadas relaciones entabladas entre los protagonistas de la historia.

Con una minuciosa reconstrucción de época, tanto de los decorados como del vestuario, las distintas escenas del film transcurren, entre otras locaciones, en la quinta Los Granados (que fuera propiedad del matrimonio Botana), ambientada en una importantísima estancia de estilo español en Tandil. Así como en el mítico diario Crítica, con su original estilo art decó, escenbario construido en los Estudios Baires, de Don Torcuato, donde también el muralista Juan Danna reprodujo el mural Ejercicio Plástico.

La música del film fue compuesta por el mexicano Eduardo Gamboa, y grabada en Eslovaquia por la Bratislava Symphony Orchestra, con la dirección del maestro David Hernando. La empresa local 3DN tuvo a su cargo los efectos digitales del film, entre los que se incluye el arribo a principios de los años ‘30, del Vapor de la Carrera procedente de Montevideo.

Fuente: Diagonales

miércoles, 19 de mayo de 2010

"Eva y Lola" de Sabrina Farji.

La verdad llega en tren

Por ALEJANDRO CASTAÑEDA

EVA Y LOLA, de Sabrina Farji.- Búsqueda de identidad. Hijos ajenos que llegan e hijos propios que se van. Y la verdad asomando siempre, como imperativo y desafío. Tema clave, si los hay, muy transitado con variada suerte por el cine nacional. Celeste Cid es Eva y Emme es Lola (aunque también será Eva, cuando todo se aclare). Son dos chicas que tiene un espectáculo de circo y que hacen equilibrio sobre el trapecio y la verdad: Eva habla por teléfono con el fantasma de su padre desaparecido; y Lola, en la otra orilla, se niega a conocer su pasado, prefiere ignorar su origen y seguir junto a esa familia apropiadora. El filme apela a algunas simplificaciones que le restan profundidad; deja cabos sueltos (¿qué fue de la madre de Eva?) y da la impresión, como mucho cine nacional, que son mediometrajes forzadamente alargados. Sabrina Farji ("Cielo azul negro" y "Cuando ella saltó") no se aparta del todo del nudo central, pero apela a personajes muy básicos a recursos pedestres y a subtramas algo laterales que no aportan demasiado. Pero hay al menos algunos apuntes valederos entre tanta escena sin imaginación ni fuerza. Es agradable la música, valen las actuaciones de Alejandro Awada y Juan Minujin, pero sobre todo brilla con luz propia la siempre refrescante Celeste Cid, una Eva entre inocente y confundida, tan linda como desamparada, que vive presa de un ayer que no la deja mirara hacia adelante.

El filme nos dice que a la verdad hay que llegar, como sea. Que su búsqueda es una exigencia que a veces duele pero que limpia el alma. Un tren eléctrico abre la película en esa casa donde hasta la enfermedad es encerada. Y un tren de verdad sella el encuentro de esa nieta restituida y su abuela. Son dos imágenes -el juguete y realidad- para un mismo viaje hacia la verdad. (** ½) Cinema City.

Fuente: El Día

martes, 18 de mayo de 2010

Entrevista a Hector Olivera, director de "El Mural" que se estrenará el jueves

“Todo en los Botana es muy cinematográfico”

El creador de No habrá más penas ni olvido y La Patagonia rebelde, que siempre había querido filmar la historia de los dueños de Crítica, finalmente narra el romance entre Natalio Botana y Blanca Luz Brum, la mujer del muralista mexicano David Siqueiros.

Por Oscar Ranzani
Imagen: Daniel Dabove

El gran muralista mexicano David Alfaro Siqueiros visitó la Argentina en 1933, invitado por Victoria Ocampo, para dar una serie de conferencias, de las cuales sólo se concretaron dos por el revuelo que armó su presencia en la intelligentzia porteña. Sin embargo, la visita dejaría su impronta artística para la posteridad. Es que el director del diario Crítica, Natalio Botana, le propuso realizar un mural a cambio de casa y comida. Para concretar dicha tarea, Siqueiros convocó a artistas de la talla de Antonio Berni, Alvaro Castagnino, Lino Spilimbergo y Enrique Lázaro. El resultado fue “Ejercicio plástico”, un mural atípico para Siqueiros, ya que no tenía precisamente contenido político o social: el artista se había inspirado en la figura de su mujer, Blanca Luz Brum, para inmortalizarla en ese espacio de doscientos metros cuadrados, ubicado en el sótano de la Quinta Los Granados, propiedad de Botana. El mural, que después de la venta de la propiedad de Botana fue producto de una larga disputa judicial, se extrajo y pasó diecisiete años guardado en contenedores hasta que, por un acuerdo entre los propietarios y el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, pudo desmontarse para su restauración.

Pero las pasiones y traiciones producidas durante la estadía de Siqueiros en Buenos Aires también quedaron para la posteridad. Es que su mujer, Blanca Luz Brum, tuvo romances con Botana y con el poeta Pablo Neruda. Y mientras Siqueiros se volvió a México (para luego alistarse en el ejército republicano con la idea de pelear en la Guerra Civil Española), Brum se quedó un tiempo en la Argentina. Sobre las relaciones generadas mientras el artista mexicano pintaba su obra se focaliza El mural, film de época dirigido por Héctor Olivera, realizador de obras emblemáticas del cine argentino como No habrá más penas ni olvido y La Patagonia rebelde. El elenco de la película –que se estrena este jueves– está encabezado por el actor mexicano Bruno Bichir (Siqueiros), Carla Peterson (Blanca Luz Brum), Luis Machín (Botana), Ana Celentano (Salvadora Medina Onrubia, esposa de Botana) y Sergio Boris (Pablo Neruda).

Como toda película, El mural tiene su historia. A los 19 años, Olivera comenzó a trabajar en los estudios Baires que habían construido Botana y Eduardo Bedoya, su mano derecha. El cineasta estuvo allí cinco años, durante los cuales mantuvo charlas con Bedoya, quien le contaba historias fascinantes de Natalio y Salvadora. Con el tiempo, Olivera fundó Aries Cinematográfica Argentina, junto a Fernando Ayala. Y siempre le picó el bichito de hacer una película sobre los Botana. Pero si bien la historia de esta familia podía resultar muy cinematográfica, había un inconveniente con los costos de producción. “No era una película para hacer en coproducción internacional, tenía un costo enorme, porque había que reproducir cuatro épocas, desde principios de siglo hasta el año ’41, en que murió Botana”, señala Olivera en diálogo con Página/12. El proyecto se fue postergando hasta que, muchos años después, Olivera leyó Confieso que he vivido, el libro que registra las memorias de Pablo Neruda. “Y me enteré de que Neruda, según él dice, tuvo un romance con Blanca Luz Brum en la torre de la piscina de Los Granados, donde Siqueiros había pintado el mural.” Entonces, Olivera vio que en ese entretejido de complicidades, traiciones, tragedias y fortísimas pasiones había una película posible.

–Cuando investigaba la vida de David Alfaro Siqueiros y su esposa Blanca Luz Brum, ¿qué le resultó más cinematográfico?

–No puedo decir qué, porque todo lo de ellos es muy cinematográfico. Fue gente que vivió muy intensamente. Un amigo chileno de Blanca Luz Brum, que vive en Buenos Aires, me decía: “Si me preguntas una característica de ambos, te diría que eran tal para cual”. No puedo decir “Esto lo saqué de aquí o de allá”. Sí puedo decir que viajé a México con la intención de redondear la historia y la parte de Brum y de Siqueiros y no conseguí nada.

–¿Por qué?

–Porque las memorias de Siqueiros, tituladas Me llamaban el coronelazo, fueron reescritas por su viuda, Angélica Arenal, después de su muerte. Y ella voló casi todo lo de Brum. Sobre Buenos Aires ¡hay tres líneas! Traté de averiguar y casi no hay material sobre ellos. Entonces tuve que remitirme a la literatura rioplatense. Y tuve una conversación muy interesante en México con la escritora y crítica de arte Raquel Tibol, “la mamá” de Siqueiros, porque ha participado en muchísimos programas de radio y televisión sobre el muralista. O sea, no se la puede contradecir. Sin embargo, en la película la contradigo porque respecto de lo que ocurrió en Argentina hay más información local, cartas, etcétera. Y un libro muy importante es El mural de Siqueiros en Argentina, que escribieron Héctor Mendizábal (que recuperó el mural) y el antropólogo Daniel Schavelzon, un estudioso del tema.

–La película no se detiene mucho en el mural, sino en las historias que se tejen entre los protagonistas a partir de la llegada de Siqueiros a la Argentina. ¿Le interesaba más ese juego de seducciones y pasiones que se desataron?

–Sí. No es un documental sobre cómo se pintó el mural, pero creo que la progresión de la pintura del mural está dada en el film. Y también los elementos fundamentales, como cuando Siqueiros les explica a sus colaboradores (nada menos que Spilimbergo, Berni, Castagnino y Lázaro) sus técnicas y lo que va a ser una revolución plástica. Y después, está mostrado ese sótano desde que es un ámbito vacío hasta que ya el mural está terminado.

–Se trataba de una época muy movida políticamente debido a la presencia del anarquismo, el nacionalismo y el comunismo. ¿Cómo buscó reflejar ese momento histórico y político sin que se perdiera de vista el foco de la historia del film?

–El anarquismo está puesto en función de Salvadora, que era un personaje muy incoherente: una millonaria que iba con su gran automóvil, conducido por su chofer, a auxiliar a los anarquistas heridos en una refriega policial. El comunismo porque Siqueiros era absolutamente marxista-leninista, enemigo de Trotsky, a punto tal que intentó matarlo. He visto la casa de Trotsky en México y hay cuarenta agujeros en la pared, arriba de la cama. Trotsky y su mujer se salvaron porque se tiraron debajo de la cama. Siqueiros era un hombre de armas llevar. Y curiosamente, en un reportaje grabado que conservo, dice: “El arte de la guerra está por encima de todas las artes”. Había peleado casi de niño en la revolución mexicana, pero además, había llegado a ser capitán y había ido a París como agregado militar a comprar armas. Tuvimos la enorme suerte de que cuando estuvo en Montevideo no consiguió pinturas para hacer el mural. Y pasando delante de un garaje, vio a un mecánico pintando un guardabarro con un soplete. Por eso se salvó el mural: está pintado con un aerógrafo con pintura industrial. Si no, después de tantos años a la intemperie en unos containers estaría absolutamente destruido.

–¿Cómo trabajó con Bruno Bichir las facetas políticas y artísticas de Siqueiros?

–No conocía a Bruno más que por fotos y películas. Me encontré con un muchacho de una sensibilidad, de una disciplina y de un entusiasmo enormes. Así que fue muy fácil. Da mucho placer ese personaje. Incluso, por su verborragia, pero también por su extraversión, es un contraste frente a un Botana tan estricto, tan limitado en su gesticulación, como la creación que hizo Luis Machín en su personaje. Estoy muy contento con ese contraste de los dos personajes que, además, en la película se ve que tienen una lucha por el poder: “Yo soy más que vos. Vos serás un artista pero yo...”

–...Tengo a tu mujer.

–(Risas.) Eso ya es demasiado. No se lo dice, pero es evidente. Y también está la incoherencia de estos personajes. Todos eran incoherentes. Siqueiros hablaba de la revolución y terminó pintando ese mural en la casa del millonario. Brum decía que era sandinista, pero se acostaba y terminó quedándose con un millonario. Es evidente que era una trepadora.
–Se dice que Siqueiros tuvo un romance con Salvadora Medina Onrubia, la esposa de Botana. ¿Por qué el film no da cuenta de esta relación, a diferencia de la que sostuvieron Brum y Botana?

–Primero, no está probado ni escrito por nadie serio. Sí es algo que se ha dicho. Pero si lo ponía (cosa que no me gustaba, porque además no creía en eso) la película hubiera debido llamarse Los swingers de los ’30 (risas). Era demasiado.

–¿Cuáles son las ventajas y e inconvenientes de hacer cine de época?

–Hay dos desventajas: una es el costo; por otro lado, el público no está muy inclinado a ver cine de época. Pero hablar de los gustos del público es como hablar del sexo de los ángeles: realmente nadie puede afirmar nada. Cuando Aries era una empresa grande y hacíamos seis o siete películas por año, uno intuía: “Esto va a andar, esto no”. Igual, nos equivocábamos: pensábamos que una película de Porcel y Olmedo iba a recaudar más que Plata dulce y fue el revés. En fin, esta actividad es imprevisible. Siempre lo fue.

Fuente: Página 12

El Incaa firmó un convenio con el Ministerio de Bienes Culturales de Italia

El Incaa firmó ayer un convenio con el área de cine del ministerio de Bienes Culturales de Italia para incentivar proyectos conjuntos

La presidenta del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), Liliana Mazure, renovó ayer en el marco del Festival de Cine de Cannes un convenio con las autoridades culturales de Italia, para el desarrollo de proyectos cinematográficos argentinos que puedan aspirar a una coproducción con ese país europeo.

El acto se realizó en el pabellón italiano en Cannes, donde Mazure y el gerente de relaciones internacionales del Incaa, Bernardo Bergeret, presentaron la novedad junto al encargado del área de Cine del ministerio de Bienes Culturales de Italia, Mario Latorre, y al presidente de Cinecitta-Luce, Luciano Sovena.

Este es el segundo convenio que el Incaa cierra estos días en Cannes, luego de anunciar la segunda edición de “Ventana Sur”, el mercado de cine latinoamericano que se realizará entre el 3 y el 6 de diciembre próximo en Buenos Aires, con la colaboración del Marché du Film del festival francés.

“Existe un gran número de proyectos en la Argentina, y esta iniciativa va a ayudar a desarrollar a aquellos que sean los más adecuados para obtener una coproducción con Italia”, afirmó Mazure.

Y añadió convencido: “Ya está funcionando muy bien desde hace un tiempo, tal como lo demuestran algunas de las coproducciones logradas”.

“En la Argentina se está haciendo un cine sumamente interesante y muy cercano a nuestra forma de vida y de entender la cinematografía”, afirmó por su parte Luciano Sovena, presidente de Cinecitta-Luce, una de las instituciones más importantes de cine en Italia, que aportará 200 mil euros.

A partir de lo anunciado hoy, el Incaa abrirá el mes próximo una convocatoria a cineastas argentinos que tengan un proyecto de largometraje y que, en primer lugar, deberán ser seleccionados para un workshop formativo con profesionales de la industria, luego de lo cual serán elegidos finalmente aquellos proyectos que podrán aspirar a una coproducción.

Según informaron fuentes del Incaa, en la convocatoria del año pasado se presentaron 120 proyectos, de los cuales sólo quedaron seis finalistas que obtuvieron una porción de los 200 euros proporcional a las necesidades financieras para su desarrollo.

Fuente: Hoy

sábado, 15 de mayo de 2010

Maricel Alvarez: Blanda como la arcilla

ENTREVISTA

Aunque Maricel Alvarez sea una actriz de carácter, maleable como la arcilla se entregó al director Alejandro Iñárritu en su primer papel cinematográfico como protagonista, junto a Javier Bardem. Esa confianza que depositó en quien la eligió para su película Biutiful, que se estrena la próxima semana en el Festival de Cannes, le permitió atravesar un personaje complejo y doliente y también le da la tranquilidad necesaria para enfrentar la alfombra roja sin alarma.

Por Federico Sierra
Imagen: Constanza Niscovolos

Ante la mirada inmóvil de un enorme ciervo disecado en el medio de la sala, Maricel Alvarez se prepara para viajar al Festival de Cannes, donde se estrenará Biutiful, el último film de Alejandro Iñárritu, que coprotagoniza junto a Javier Bardem. Su tono es afable, sin alarmas. Pero tanta calma ya genera suspicacias en su entorno. Incluso su madre llamó para preguntarle “con qué se iba a medicar” cuando deba afrontar a la prensa internacional en la alfombra roja de Cannes. Maricel se ríe de la ocurrencia: claro que no tomará nada. “Me preparé como creo que corresponde hacerlo: con mucha tranquilidad y un hermoso vestido diseñado por Martín Churba.”

Tal como la dupla que formaron durante muchos años la artista performática yugoslava Marina Abramovic con su pareja Ulay, Maricel ha recorrido un largo camino experimentando distintos lenguajes teatrales junto a su pareja, Emilio García Wehbi. Antes de su reciente experiencia en manos del magistral Alejandro González Iñárritu, su nombre ya era bien conocido en la escena independiente local, por sus experimentos intensos con el teatro. Allí indagó en las grietas del lenguaje teatral y los espacios que lo separan de otras artes visuales. Junto a Wehbi, funcionan como pareja artístico-amorosa que comparte, según palabras de Maricel, “además de un proyecto de vida, una búsqueda ética y estética”, que marcó fuertes apuestas en la experimentación de las artes escénicas de la última década.

¿Cómo pudiste combinar toda esa experiencia previa con una película de la gran industria como es Biutiful?

–Son universos distintos, hay que encontrar aquellos lugares que tienen en común. Creo que pude acercar esa experiencia a la película. Y esto lo digo humildemente, yo me acerqué como soy: con mi historia, mi recorrido artístico, mi cultura y mi idiosincrasia. Quise presentarme ante ellos tal como soy, no traté de adaptarme a priori ni transformarme para encajar dentro de una maquinaria. Lo que yo traje previo al rodaje podía servir siempre que esté al servicio de lo que el director quisiera usar para contar su historia.

¿Cómo fue el vínculo con Iñárritu?

–Al llegar le explicité: “Soy arcilla en tus manos y estoy a tu absoluta disposición”. El no hizo abuso de esto, todo lo contrario, lo tomó y lo supo aprovechar para guiarme y ayudarme a llevar esto adelante. Sé que en todos los ámbitos hay maestros y directores que pueden hacer abuso de esa relación, hay gente que no comprende la calidad de ese rol, y abusa del poder que ese rol otorga. Es importante y bello guiar a una persona, los que entienden esto trabajan con grandes dosis de humanidad y generosidad. Es de esos vínculos que salen los mejores trabajos.

¿Cómo crees que te veían ellos?

–Ellos estaban contentos y muy sorprendidos conmigo. No esperaban encontrar en la Argentina, en una actriz totalmente desconocida para el publico masivo, que había limitado su experiencia al campo del teatro experimental o independiente, a la intérprete para ese papel.

Y de parte tuya la sorpresa también habrá sido fuerte.

–Yo también estaba asombrada y sorprendida y deseaba fervientemente que ellos no se hubieran equivocado (se ríe). Ese era mi mayor temor: estar a la altura de las circunstancias, no porque no pueda estarlo, sino que hubiese fricción entre nuestras diferentes formaciones, realidades y maneras de ver el mundo. Encontramos un punto en común para sacar afuera lo mejor del otro. Fue una experiencia gratificante y de mucho aprendizaje, sobre todo en términos técnicos. Eran jornadas largas, agotadoras: cada una de ellas era explotada al máximo.

Tenés poca experiencia en cine y muchísima en teatro, dos lenguajes muy diferentes.

–Son lenguajes y espacios muy diferentes. Las herramientas a las que apelar son distintas. Pero Iñárritu decidió filmar esta película en términos cronológicos. Había un armado cronológico del plan de rodaje, y fue un viaje similar al que uno hace cuando prepara un espectáculo teatral: empieza por las primeras escenas y va avanzando hasta llegar al final. Además, prácticamente no filmó en estudio, sino que en su mayoría fueron en sets reales. Esto ayudó mucho, el actor así no debe enfrentarse al cartón pintado y hay algo del objeto real que remite a una emoción y un estado más contundente y concreto. Por último, Alejandro filma infinita cantidad de tomas, no tiene ningún reparo en pedirte lo mismo una y otra vez, y yo no puedo más que agradecer eso. Para mí cada toma era un ensayo. A la toma quince uno ya tenía un ensayo hecho. Así, entrábamos en un estado profundo, que nos dejaba totalmente expuestos y entregados a cada escena. Estos tres puntos fueron decisiones del propio director con las que yo estaba feliz. Del cansancio de hacer muchas tomas uno se recupera, de lo que no te recuperás nunca es de una mala toma.

¿Cómo decidiste abordar el gran dolor que atraviesa a esta mujer de Biutiful?

–El personaje es complejo, pasa por toda una serie de estados diferentes. Y esa gimnasia, el poder entrar y salir de esos estados, es lo que llevó más trabajo. Pero una vez encontrado el tono y el gesto, hay algo muy íntimo de ella. Eso surge cuando el actor entiende y a partir de ahí hay que ir profundizando. El vínculo entre director y actor es complejo: hay que confiar y entregarse al otro, no defenderse, ni ser autorreferido ni vanidoso. Alejandro te dice: “Vamos por este camino, que puede ser difícil, oscuro, pero yo te acompaño”. Y eso no lo dice superficialmente. Iñárritu es un hombre que no te larga la mano, él se compromete contigo, te acompaña, te orienta conceptualmente. Agota las dudas, contiene tus temores, en ese sentido vale decir que “se ensucia”: porque el trabajo del actor es también es un trabajo muy sucio.

Y vos contabas con una vasta trayectoria en personajes atravesados por el dolor.

–Bueno, hay en los personajes de Iñárritu esta capacidad de sentir el dolor en carne viva y expresarlo maravillosamente. está en sus películas: evidenciar el dolor y narrarlo. Eso está muy presente en Biutiful también. Sin dudas, tener a Javier Bardem de compañero fue de lujo. Ya nomás con lo bien que él hacía su trabajo no sabés todo lo que me ayudó a mí. Si además es buena gente y se preocupa por sus compañeros, eso es un plus enorme que facilitó mucho las cosas.

¿El viaje que realiza la protagonista de Dolor exquisito (obra de Sophie Calle, protagonizada por M. A. y con dirección de Emilio García Wehbi) anticipó de alguna manera el viaje que luego debiste hacer para filmar Biutiful?

–Esa es una analogía muy linda (sonríe). Sophie Calle estaría encantada con eso, ella entiende e insiste en que la vida y el arte están siempre relacionados, en un juego continuo.

Te imagino escribiendo largas cartas y mails a Emilio.

–Sí, por un lado incrementó muchísimo nuestra relación epistolar: nos escribimos muchísimo, como nunca antes en los once años que estamos juntos. También nos reíamos y veíamos las analogías entre nuestra situación y aquella que ficcionalizábamos en Dolor exquisito, que a su vez también es una historia verídica que vivió Sophie Calle (se ríe). Creo que lo único que tenía prohibido Emilio era dejarme. Era lo único que no íbamos a permitir para que el proyecto no quede como un maleficio sino como una bendición en nuestras vidas.

¿Cannes era un lugar en tu mente donde soñabas estrenar la película?

–No, ni remotamente. Me alegra mucho que Alejandro haya decidido estrenarla en un marco como éste, un festival muy prestigioso. Es una película dura, difícil, una obra cruda y arriesgada. Cannes es un marco fantástico para esto, un lugar muy adecuado.

¿Esta vez viajás acompañada de Emilio?

–Sí (suspira). Claro que sí, necesito que me ayude, que me acompañe y me baje a tierra. Nadie es infalible de caer en el temor y la inseguridad. Todo lo que allí sucede aparentemente es muy conmovedor y es hermoso ir con alguien como él. Necesito que mi compañero esté allí conmigo. (Piensa) Tengo la fantasía de que allí todo está al servicio de “lo otro”, de aquello que está más allá y más lejos de uno: la fachada, las formalidades, el protocolo. ¡Es como ir a una cumbre de presidentes! (se ríe). Sólo que allí somos todos artistas, entonces me tiento y por momentos puede darme mucha risa.

Fuente: Página 12

“Aquí, el deporte principal es la descalificación”

CINE › ENTREVISTA A GABRIEL GOITY

“Hoy en día, el que puede trabajar de actor en el país es un valiente”, señala el Puma, que ha transitado con comodidad y sin conflictos el éxito masivo en comedias de televisión y el drama teatral y cinematográfico.

Por Emanuel Respighi
Imagen: Bernardino Avila

Hay actores que por razones que ni la propia razón, ni tampoco el corazón, pueden explicar, suelen ser celebrados por el gran público cada vez que se los cruzan en una obra, película o programa de TV, pero nunca terminan de salirse de cierto lugar periférico de la memoria individual y colectiva. O sea: grandes actores que no poseen el reconocimiento que por su trayectoria deberían cosechar, amén de que nunca resultan piezas inadvertidas de los espectáculos en los que participan. En ese extraño e inexplicable espacio se lo puede ubicar a Gabriel Goity, el actor de pelada brillante que ha recorrido un largo camino en teatro, cine y TV, con el denominador común de haber dejado una huella en cada interpretación. Basta acercarse a los dos personajes que actualmente lo tienen en cartel en cine (Rompecabezas) y teatro (Un Dios salvaje) para constatar que “el Puma” es mucho más que un actor de comedia: es un todoterreno que jamás deja pagando a sus personajes. O, como prefiere definirse acorde con sus códigos de barrio, una “suerte de bodegón que te saca pastas, carne al horno, minutas y picadas con igual fruición”.

Tal vez esa versatilidad para transitar por diferentes registros sirva como explicación para comprender por qué Goity ocupa ese curioso lugar de la conciencia. No se trata de un actor que construyó su carrera sobre un único registro o medio. O quizá su “karma” sea el hecho de haber alcanzado masividad a través de programas de humor como Poné a Francella o Los Roldán, con el consabido menosprecio que acompaña a los que hacen reír a carcajadas a grandes masas. Goity ensaya su propia explicación. “Siento que soy un actor que puede hacer todos los géneros que se ocurran”, confiesa en la entrevista con Página/12. “Y por suerte a lo largo de mi carrera me convocaron para distintos registros. Lo que pasa es que he tenido el mérito y el privilegio de haber hecho éxitos masivos en la comicidad: meter 30 puntos diarios en Telefe tapa cualquier cosa.”

–A los actores que trabajan el registro humorístico se les demora más el reconocimiento, en comparación con los que privilegian el drama. ¿Usted sintió esa diferencia?

–Puede ser que haya cierta injusticia del bulbo. Hacer reír es muy difícil. De todas maneras, yo no actúo para la mirada del otro: actúo por mí. Si hago humor, lo que pienso es en hacer la mejor comicidad del mundo para la obra que hago; si me das un drama, trato de aportar mi cuota al drama de la obra. No pienso mi carrera en términos de conveniencia. No me puedo meter en la cabeza de los demás. ¿Qué es ser prestigioso? ¿Hacer drama toda la vida? ¿Acaso no es más prestigioso mostrar que uno puede tener diferentes facetas con cierta solidez? El que juega bien al fútbol muestra su calidad en el Milan o en Argentinos Juniors.

–¿Pero no influye en el trabajo actoral la mirada del otro?

–A veces creo que muchos actores conviven con el miedo a que los descubran. Entonces, prefieren quedarse en el registro que transitaron toda su vida por miedo a ser objeto del deporte principal de este país, que es la descalificación. Si un actor vive pendiente de la mirada del otro, se vuelve loco. Porque además la mirada del otro no es más que eso: una opinión. A veces escucho que colegas dicen que no hacen TV porque no les gusta. ¡Es mentira! ¡No hacen TV porque no los llaman! El actor debe convivir con las mezquindades humanas del medio sin que lo afecten.

–Habría que preguntarse, en todo caso, si es más valorable un actor que se mueve con soltura en diferentes roles y medios, o si lo es aquel que es bueno en un determinado registro.

–Hoy en día un actor que pueda trabajar de actor en el país es un valiente. Es muy difícil vivir de esta profesión y tener vigencia. ¿Se puede agradar a todo el mundo? Los actores debemos hacer lo que se nos canta, lo que a uno le gusta. Porque, además, como decía mi abuela: hagas lo que hagas, siempre van a hablar mal de vos. O porque hacés teatro off, o porque hacés teatro comercial, o porque hacés siempre drama, o porque hacés lo mismo, siempre hay un pero. ¿Por qué si hacés teatro off sos un grosso y si hacés teatro comercial sos un choto? Hay cierto discurso injusto. Hacer teatro comercial es lo más difícil que hay: la responsabilidad de bancar toda esa parafernalia detrás de una obra en la calle Corrientes es muy grande. El teatro comercial, además, no te da tiempo ni te permite equivocarte, es cruel: si la obra no funciona, se levanta. En cambio, en el off, lo que se privilegia no es la cantidad de público que va a ver una determinada obra sino el “hecho artístico”. Si no da, pasamos la gorra y listo. Hacer reír puede ser tan complejo como conmover a alguien. Yo ya me resigné y sé que no puedo agradar a todo el mundo.

La jungla y el sosiego

La versatilidad de Goity es insoslayable, fácilmente comprobable en los trabajos en los que actualmente se lo puede ver. En Un Dios salvaje (de jueves a domingo en el Paseo La Plaza), el actor interpreta a Miguel, un vendedor de cacerolas y artículos para inodoros que junto a su mujer (María Onetto) recibe a los padres de un amiguito de su hijo que le bajó dos dientes a su primogénito. Una de esas reuniones que se suelen organizar con aires protocolares, pero en la que entre malentendidos y absurdos varios la educación le cede lugar a una llamativa violencia. En la obra, cada reacción de Goity –que comparte cartel con Florencia Peña, Onetto y Fernán Mirás–, cada gesto corporal es un fósforo más que se tira al fuego de ese gran grotesco creado bajo la dirección de Javier Daulte.

La contracara de ese mundo de irracional violencia es, casualmente, Rompecabezas, la película de Natalia Smirnoff que cuenta la vida de una ama de casa que descubre, ya de grande, que posee un enorme talento para armar rompecabezas. En la pantalla grande, Goity se pone en la piel de Juan, el esposo de María (también a cargo de Onetto), un tipo de una simpleza absoluta, cuya felicidad pasa por la rutina de ir a diario a su negocio, amar a su mujer, reunir a la familia los domingos y, muy de vez en cuando, ir a pescar a Chascomús. En Rompecabezas, lejos de los exabruptos que despliega su personaje en el teatro, el actor compone con gestos mínimos a un personaje de una sencillez incuestionable.

“Hice los personajes muy diferentes para que no me digan que hago siempre lo mismo”, dispara el actor que cumple 30 años de carrera. Y arranca contando sobre el papel que hace en Rompecabezas. “Juan es un tipo muy simple, como la gran mayoría de la gente, que es un hombre que está enamorado de su mujer. Creo que el principal valor de Rompecabezas es que no coloca a este personaje en el rol de machista-objeto, que nunca se enamora. Juan está enamorado perdidamente de María, la elige como es y vive muy feliz con su trabajo y su familia. Me encantó trabajar ese mundo sencillo, porque uno como actor está acostumbrando a transitar universos por mundos tortuosos, con personajes psicoanalizados. Y gracias a Dios la mayoría de la gente no es así”, analiza.

–¿Cree que Rompecabezas describe un mundo en el que la terapia es una excentricidad de los personajes de la TV o el cine?

–La terapia es potestad de unos pocos con muchas carencias. La mayor parte de los argentinos no necesita mayores investigaciones o análisis para justificar todo lo que hace y/o deja de hacer. Estar en la piel de este personaje es fantástico. El acierto de Smirnoff es justamente no caer en el arquetipo de mujer sometida por un tipo que no la quiere y ejerce un fuerte poder sobre ella. De todas maneras, me costó mucho encontrar el personaje, porque Juan es hincha de River, por lo que tuve que lograr una gran composición: ¡Nadie me lo ha valorado como corresponde a mi fanatismo por Huracán! (risas).

–En cambio, en Un Dios salvaje, Miguel parece querer a su mujer pero en el punto en el que los miembros de la pareja se soportan mutuamente.

–Es un tipo que también ama a su mujer, lo que le ocurre es que parece estar atravesado por la tensión de la vida cotidiana en la urbe. Es un personaje que tiene contradicciones, que tuvo que negociar con su mujer, que parecería provenir de un estrato socio-cultural más elevado. En ese punto, la obra plantea una tensión interna histórica dentro del matrimonio que no existe en la película. Mientras ella parece provenir del mundo de la intelectualidad y el raciocinio, él tiene recursos más elementales. Lo interesante en la obra es que ella es tan limitada como él, sólo que provista de un discurso que la sitúa en una posición más elevada. Tiene un discurso más florido pero muestra su limitación cuando les exige a los padres del chico que le pegó al nuestro que le pida perdón de rodillas. Mientras Miguel intenta suavizar y darle naturalidad al hecho, ella no para hasta que el chico vomite su perdón.

–La obra de Yasmina Reza parece partir de la premisa de Jacques Rousseau de que en la naturaleza del hombre está ser salvaje, por más sociabilidad a la que se atenga.

–Es muy interesante ver cómo a esos cuatro personajes tan disímiles en algún momento les surge la bestia que parecen controlar en su interior. En nuestra esencia, somos todos iguales y no existen mecanismos culturales que nos borren nuestra naturaleza salvaje.

–¿Considera que Un Dios salvaje es un ensayo que explica buena parte del estado de cosas de la sociedad actual?

–La obra se queda corta en cuanto al nivel de violencia que existe en la sociedad. La realidad supera ampliamente a la ficción: cada vez por razones más banales, la bestia se presenta en la vida cotidiana.

–¿Cree que en el complemento entre el universo que cuenta Rompecabezas y aquel que narra Un Dios salvaje surge la síntesis del mundo actual?

–El de Un Dios salvaje parecería representar al mundo mediático, mientras que el de Rompecabezas muestra el mundo que no tiene cámara. Las familias simples, que se reúnen a comer los domingos, que se ayudan y se rompen el lomo laburando o estudiando son la mayoría, pero los medios nos muestran que el salvajismo es lo habitual. La necesidad de vender hace que los medios exacerben la vida salvaje. En las villas miseria, menos del 10 por ciento puede estar en cuestiones oscuras; el resto se las rebusca para sobrevivir con laburo o changas. Pero la noticia siempre es sobre el 10 por ciento. Existen los hechos de inseguridad, pero que haya un par de casos diarios en una ciudad desproporcionada como la de Buenos Aires forma parte de los manuales de la sociedad moderna. No es justo que los medios reflejen la excepción negativa. La noticia no puede estar matizada con tanta oposición por los que están a favor del Gobierno y los que no. Hoy, si defendés alguna política del Gobierno sos oficialista y si criticás algo sos golpista o clarinista. El antagonismo es una de las características más reconocibles de la historia argentina. Vamos a festejar 200 años de contradicciones y antagonismos. El Bicentenario nos encuentra tan desunidos como antaño.

Fuente: Página 12

jueves, 21 de enero de 2010

" Los Autos de James Bond "

___Hablar de James Bond, el célebre agente 007, es sinónimo de autos lujosos. En esta ocasión te presentamos una lista con los vehículos que han acompañado al mítico espía británico, con una sorpresa especial, un modelo para nada elegante que ayudó a Bond en una de sus tantas aventuras. Eso sí, ese auto guardaba un secreto. Descúbrelo aquí. ___Aston Martin DB5Unos de los primeros modelos

domingo, 29 de noviembre de 2009

¨ The Wall de Pink Floyd ¨

__ . A treinta años de la aparicion de The Wall de Pink Floyd._ _ . The Wall es un álbum de estudio y el decimotercero de la banda británica de rock progresivo y espacial Pink Floyd publicado en 1979. Se grabó entre abril y noviembre bajo la dirección del productor Bob Ezrin y de los miembros de Pink Floyd David Gilmour y Roger Waters. Fue lanzado el 30 de noviembre del mismo año en el Reino

lunes, 14 de septiembre de 2009

" Capitalismo: una historia de amor "

. .El documentalista estadounidense Michael Moore regresó a la pantalla gigante con su último objetivo en la mira: el sistema bancario de su país y las personas que lo manejan."Capitalismo: una historia de amor", estrenado en el Festival de Cine de Venencia, es la cinta más reciente de Moore en la que examina la última crisis financiera global y opina sobre lo que está fallando en la economía