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viernes, 23 de mayo de 2014

2050: cómo nos afectará el cambio climático


Las transformaciones ya han comenzado. Nuestro planeta está involucrado en un constante cambio, demasiado rápido para controlar, que afectará a todos los países de una forma u otra. Según explica el catedrático de Física de la Tierra de laUniversidad de Castilla-La Mancha (UCLM), Manuel de Castro, hoy en día los cambios no pueden observarse con tanta facilidad, pero serán muy evidentes en 2050.

Las consecuencias del calentamiento global

Para el experto de la UCLM muchos países no estarán económicamente aptos para hacer frente a los cambios y prevenir los impactos más graves, y los que puedan hacerlo deberán pagar un alto precio. En el caso de España, un estudio liderado por Íñigo Losada, director de Investigación del Instituto de Hidráulica Ambiental de Cantabria, revela que para 2050 el nivel del mar será tan alto en algunas provincias que éstas deberán invertir entre un 0,5% y 3% de su PIB para hacer frente a ello; y este porcentaje alcanzará el 10% para fines de siglo.
De Castro asegura que las temperaturas continuarán incrementándose, y para 2050 la media será de 1 o 2 grados más que hoy en día, cifra que dependerá de las emisiones de gases invernadero. Desde 1780 la temperatura media ha subido 0,8 grados; el límite máximo fijado para no sufrir consecuencias catastróficas es de 2 grados y ya se estima esa cifra para 2050.
En cuanto al Ártico, Carlos Duarte del Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA) asegura que la zona se convertirá en agua líquida en verano, con rutas de navegación y transporte e infraestructuras asociadas. Además, muchas especies que viven allí gracias al hielo (osos polares, focas, morsas) estarán en peligro crítico de extinción o ya no existirán más, mientras que otras se extenderán una vez que el hielo se licúe, como será el caso del bacalao, las gambas o las praderas submarinas.
Recientemente la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) publicó una investigación donde revela que en unas décadas la Amazonia podría sufrir una deforestación acelerada a causa de las sequías y los incendios. Asimismo, ambos fenómenos aumentarán significativamente en regiones como Centroamérica, Europa Central y la cuenca del Mediterráneo.
En cuanto a las temperaturas, los días de frío extremo serán entre un 20% y un 70% menos de los que existen actualmente y los días cálidos aumentarán entre un 30% y un 250%, especialmente en las latitudes altas. Los inviernos serán más leves, aunque seguirá habiendo días fríos, pero su frecuencia será notoriamente menor.

Las predicciones para las grandes zonas del planeta en 2050

Los expertos de la NASA han compilado las principales predicciones para los años que vienen, en las principales regiones del mundo.
En el caso de Europa, el riesgo de inundaciones catastróficas será mucho más alto en el interior y la erosión de las costas empeorará con las tormentas y la subida del nivel del mar. Además, se extinguirán diversas especies animales y vegetales y la productividad de las cosechas será menor en el sur.
Para América Latina se espera un cambio radical en la selva tropical, que evolucionará hacia una sabana, con un alto riesgo de extinción de animales y vegetación, y una disponibilidad mucho menor de agua dulce para el consumo, la agricultura y la generación de energía. Entretanto en América del Norte disminuirá la presencia de nieve en las montañas y aumentarán las precipitaciones en las zonas agrícolas, además de la intensidad y frecuencia de las olas de calor.
A finales de esta década, en África entre 75 y 220 millones tendrán un acceso aún menor al agua dulce ypadecerán una reducción de las cosechas hasta en un 50% (dependiendo de las condiciones climáticas), limitando el acceso a los alimentos. En el caso de Asia, el agua dulce se reducirá drásticamente y muchas de las áreas costeras estarán en riesgo a causa de las inundaciones, mientras que en otras zonas habrá muchas sequías intensas.

Fuente: El País

sábado, 17 de mayo de 2014

Derretimiento imparable de los glaciares del oeste de la Antártida


A través de los años, a medida que las temperaturas en todo el mundo han aumentado, quienes investigan el cambio climático han estado muy atentos a un lugar quizás más que a cualquier otro sitio: la capa de hielo del oeste de la Antártida, y particularmente la parte de ella que se derrite más rápidamente, los glaciares que se desplazan hacia el Mar de Amundsen.
En esa región, hay seis glaciares que están suspendidos gracias a un precario equilibrio; se encuentran parcialmente sostenidos por tierra y flotan parcialmente en las aguas fuera de la costa. En la capa de hielo hay suficiente agua congelada, que alimenta a estos gigantes helados, como para aumentar los niveles mundiales de los mares en casi 1,22 metro (4 pies), si se derritieran. Eso es inquietante porque los glaciares se están derritiendo. Es más, por medio de un nuevo estudio, se descubrió que la contracción parece ser imparable.

En un nuevo video de ScienceCast se muestra la evidencia de la irreversible contracción de los glaciares del oeste de la Antártida. Reproducir el video, en idioma inglés
“Hemos pasado el punto desde el cual no hay retorno”, dice Eric Rignot, un glaciólogo que trabaja en conjunto con el Laboratorio de Propulsión a Chorro (Jet Propulsion Laboratory, o JPL, por su sigla en idioma inglés), de la NASA, y la Universidad de California, Irvine. Rignot y sus colegas han utilizado datos proporcionados por radares satelitales durante 19 años con el fin de confeccionar mapas de los glaciares que se están derritiendo rápidamente. En su artículo, que ha sido aceptado para su publicación en la revistaGeophysical Research Letters, los investigadores arriban a la conclusión de que “este sector del oeste de la Antártida está experimentando una inestabilidad en la capa de hielo marino que contribuirá significativamente a aumentar el nivel del mar” en los próximos siglos.
Un concepto clave que figura en el estudio llevado a cabo por Rignot es la “línea de asentamiento” (es decir, la línea divisoria entre la base del glaciar y el agua, que se encuentra ubicada por debajo de un glaciar). Como prácticamente todo el derretimiento se produce en el lugar donde las partes inferiores de los glaciares tocan el océano, para estimar la velocidad de dicho derretimiento es vital localizar la línea de asentamiento.

El problema es que las líneas de asentamiento están enterradas debajo de miles de metros de hielo glaciar. “Para el observador humano es todo un desafío descubrir dónde están”, explica Rignot. “No hay nada obvio que resalte en la superficie como para poder decir: ‘Aquí es donde el glaciar sale a flote’”.
Para hallar las líneas de asentamiento escondidas, ellos examinaron las imágenes de radar de los glaciares tomadas por los satélites de Observación Remota de la Tierra (Earth Remote Sensing satellites, en idioma inglés), de la Agencia Espacial Europea (European Space Agency, en idioma inglés), desde 1992 hasta 2011. Los glaciares se flexionan como respuesta a las mareas. Al analizar los movimientos de flexión, ellos pudieron trazar las líneas de asentamiento.
Esto llevó a un descubrimiento clave. En todos los glaciares estudiados, las líneas de asentamiento se estaban alejando rápidamente del mar.

“En este sector, estamos viendo tasas de contracción que no vemos en ningún otro sitio de la Tierra”, dice Rignot. La línea del glaciar Smith es la que más rápidamente se movió, pues se contrajo 35,40 kilómetros (22 millas) río arriba. Las demás líneas se contrajeron de alrededor de 9 a alrededor de 30 kilómetros (de 6 a 19 millas).
A medida que los glaciares se derriten y pierden peso, flotan lejos de la tierra donde solían estar asentados. El agua se introduce debajo de los glaciares y empuja la línea de asentamiento hacia el interior. Esto, a su vez, reduce la fricción entre el glaciar y su lecho. El glaciar avanza, se estira y adelgaza, lo que hace que la línea de asentamiento se contraiga más hacia el interior.
Este es un “círculo de retroalimentación positiva” que lleva a un derretimiento fuera de control.
El único factor natural que puede desacelerar o detener este proceso es un “punto de fijación” en el lecho de roca (una saliente o protuberancia que sujeta al glaciar desde abajo y no le permite deslizarse hacia el mar). Con el fin de investigar esta posibilidad, los investigadores confeccionaron un innovador mapa del lecho, ubicado debajo de los glaciares, utilizando datos de radar y otros datos proporcionados por satélites y por la misión aérea IceBridge, de la NASA. El mapa reveló que los glaciares ya habían flotado lejos de muchos de sus pequeños puntos de fijación.
En resumen, no parece haber retorno.

“A las velocidades de derretimiento actuales”, señala Rignot, “estos glaciares serán ‘historia’ dentro de unos pocos cientos de años”.

miércoles, 14 de mayo de 2014

El derretimiento de los hielos de la Antártida es imparable


La plataforma de hielo de la Antártida occidental se funde. Aunque desde hace tiempo los científicos han estado advirtiendo del inminente colapso de esta enorme masa de hielo, ahora investigadores de la Universidad de Washington, en Seattle, han utilizado mapas topográficos y modelos computacionales llegando a la conclusión de que ese colapso podría haber comenzado ya.
Según detallan en la revista Science, el rápido retroceso del glaciar de Thwaites -muy cercano al de Pine Island, del que se desprendió un enorme iceberg que está siendo monitorizado por la NASA en su avance por el mar- da la pista de la aceleración del deshielo en la zona. Ambos glaciares hacen de muro de contención de la plataforma antártica occidental, por lo que su retroceso supone dejar vía libre al deshielo de esta parte de la Antártida.

Según los modelos utilizados por los investigadores, el glaciar Thwaites puede desaparecer en cuestión de siglos, y solo su deshielo supondría un aumento del nivel del mar de 0,6 metros. Pero si su desaparición lleva consigo el deshielo de la plataforma occidental, el aumento del nivel del mar sería de entre 3 y 4 metros. 

"Ha habido mucha especulación acerca de la estabilidad de las capas de hielo marino, y muchos científicos sospechaban que este tipo de comportamiento estaba en marcha", explica Ian Joughin, glaciólogo del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad de Washington. "Este estudio proporciona una idea cuantitativa de las tasas a las que ese colapso podría tener lugar", añade. 

PUNTO DE NO RETORNOLa buena noticia es que, si bien la palabra 'colapso' implica un cambio repentino, en este caso el peor de los escenarios para que esto ocurra es de 200 años, y el mejor es de más de 1.000 años. La mala noticia es que puede ser inevitable. Como explica Joughin, "anteriormente, cuando veíamos el adelgazamiento que se estaba produciendo en el hielo no sabíamos si el glaciar podría frenar más tarde de forma espontánea, pero en nuestras simulaciones no vemos ningún mecanismo real de estabilización del hielo". Y en este punto coincide con los datos proporcionados por la NASA sobre la contracción 'irreversible' e 'imparable' de los glaciares. Según los datos recogidos durante cuarenta años por este organismo, se ha cruzado "un umbral crítico que tendrá consecuencias mayores para los niveles de los mares en todo el mundo" porque los glaciares "continuarán derritiéndose hasta desaparecer" a consecuencia del aumento de las temperaturas en el océano. 

NIVELES DE FUSIÓN
El equipo de la Universidad de Washington combinó sus datos con otros procedentes de los satélites donde se aprecia la velocidad a la que se desplaza el hielo. Así fueron capaces de reproducir la pérdida de hielo del glaciar durante los últimos 18 años y a partir ahí realizaron diferentes simulaciones del modelo a distintos niveles de fusión del hielo. 

El estudio consideró distintos escenarios futuros basándose en distintos grados de fusión en función de si el calentamiento es mayor o menor. La tasa de derretimiento más rápida conduciría al colapso total de la plataforma dentro de 200 años, mientras que la tasa de deshielo más lenta mantendría la mayor parte del hielo durante más de un milenio antes de ese colapso repentino. "Los escenarios más probables -dice Joughin- pueden ser de entre 200 y 500 años". 

El adelgazamiento del hielo en las últimas décadas está relacionado con el cambio climático, dijo Joughin, por lo que un escenario futuro con más emisiones de gases de efecto invernadero debería conducir a una mayor fusión y a que ese colapso pudiera adelantarse, pero otros factores hacen que se mantengan las incertidumbres y sea difícil predecir cuánto tiempo podrían adelantarse los diferentes escenarios. 

Autor: A. Acosta