sábado, 22 de septiembre de 2018

Los boleros



Si algo hemos aprendido de esta vida horrible, es que la vida no tiene sentido y que es imposible generalizar, ¿todos los boleros son culeros?, no lo sé, pero al menos de los que me acuerdo y con los que me he topado sí. No voy a hablar de Los Panchos o Los Dandys, otro día les contare sobre José Feliciano y lo maravillosa que me parece Perfidia, luego me dicen en los comentarios: “no dejes de escribir” y pues a mí me da por contarles estas balas perdidas en la oscuridad, ojala a alguien le sirva de algo: 


Nunca me ha gustado bolearme los zapatos, de niño me obligaban en la escuela a usar zapatos, en la primaria cuando pasaba el maestro ahí nos tenías a todos frotándonos los zapatos con la pantorrilla, en la secundaria le agarrábamos el suéter a alguien y con eso nos dábamos brillo, ya en la prepa deje de usar zapatos, en la Universidad un par de veces me vi obligado a usarlos y ahí fue cuando conocí a esta gente. No sé ustedes pero yo con ellos he tenido malas experiencias y he juntado una lista de razones para no confiar en esos culeros: nunca tienen una lista de precios, no sabes cuánto te van a cobrar ni cuál es el precio justo, ¿se les da o no propina?, ¡¿Por qué chingados siempre tienen el periódico más culero?! Cuando tenía que utilizar sus servicios me pasaba que nunca los encontraba, siempre estaban en la misma esquina y el día que los necesitaba no estaban, eso me sacaba mucho de onda, la ley de Murphy poniéndose en práctica. 





En los jardines del Palacio de Bellas Artes, hay un grupito de delincuentes horribles que se aprovechan de las parejitas que van a ligar ya que es uno de los mejores puntos de reunión para hacer de las suyas, ojo así operan: Se te acerca un culero pasándote un trapo, ofrece sus servicios y empieza de lambiscón con las chicas, que qué guapa amiguita, que qué suerte amiguito, que cuídala mucho, ahí les bolea los zapatos (o disque les lava/limpia los tenis a los chavos), se hacen bien pendejos y al final ya los embauco con su verborrea y sin más les dice que por ser sus amigos les va a cobrar $200 por la boleada: ¡NO MAMES! Los más pendejos y espantados le dan el dinero sin chistar, no olviden que están en una cita o ligando y tienen que quedar bien con la damita. Pero si reclaman o no están de acuerdo, de repente llegan más, con la misma mala facha, un grupito de malandros, con la ropa rota feos, apestosos, con sus cajitas de bolero a hacerla de a pedo, terminan negociando una cantidad entre amenazas de robo y golpes, y lo peor; los pinches policías de los jardines no hacen nada, como siempre todos coludidos, nadie dice nada, aquí no pasó nada, yo se los comparto a ustedes amables lectores para que pasen la voz y sean menos los que caen en esta estafa, ya en la otra de vender perfumes, otro día les comentare como operan esos mierda y de una vez los de los cupcakes del world trade center. 



¿Se han fijado que los boleros siempre tienen una radio bien madreada? A mí me caga esquivar agujetas y plantillas para sentarme en sus carritos, por lo que procuraba llevar los zapatos en una bolsita y así los regresaba y listo. Por donde vivo ahora de noche hay una taquería que me atrapo con los de tripa y suadero, un día un wey se ofreció a limpiarme los zapatos, le dije que va y al final me dijo que lo que “yo le quisiera dar”, le di 20 bolas, la neta me gustó como los dejo brillosos, fui la semana siguiente y ya tenía ahí su cajita, me alegro el pensar que se estaba superando, aunque siendo sinceros, a mí la neta me vale madres que se esté moneando mientras haga su trabajo, ahí me dijo que la boleada era de $12 pesos, note como saco la cuenta de un modo totalmente improvisado, pero aun así se me hizo barato, igual le di sus veinte águilas, después se me hizo costumbre una vez a la semana ir con él y que le diera bola mientras me comía mis tacos, ya tenía mis 20 pesos reservados para él, todo bien hasta que hace quince días fui con ese wey y tenía la intención de comprarme una coca y un kilo de tortillas, al terminar la boleada me da mis zapatos en otra bolsa diferente a la que yo le di y ahí me la soltó: “ahora la boleada le va a costar 45 jefe”, si me saco de onda, creí que se había equivocado de zapatos, me quede pensando si le cambio las tapas o que chingados, el wey ni me volteo a ver, le dije que siempre me cobraba 20 y me dijo que sí, pero que ya no, -está bien-, le dije, le di sus 45 bolas y me fui a casa con mis pinches zapatos, sentí un chingo de coraje, todavía hace poquito le había regalado ropa, ahí voy apretando los dientes sin mi coquita ni mis tortillas, que chingue a su madre y yo de pendejo saludándolo, pinche tocayo culero, que se vaya a la mierda. Toda esa tarde me la pase pensando en incendiar su pinche puesto o hacer mierda mis zapatos y que le cueste realmente los 45 de la boleada, deseandole sobredosis de activo para ese culero pero no, al final fui al Wal-Mart y compre un kit de bolero y espero que con cada cepillada sea como una mentada para ese mierda, afortunadamente en el YouTube hay tutoriales de todo y ahí medio me quedaron, ya me emocione de ir luego a comprar un cepillo más chido y un trapo más largo, pero estoy contento de que ya no le estoy financiando a ese pendejo sus vicios. 



Tengo muchas más historias, como la del wey que en Coyoacán se aprovechó de que iba de traje a una entrevista de trabajo para darle un zarpazo a mi cartera, o el wey que en Hospital General jalo tan duras las agujetas que me las rompió y me hizo comprarle un par nuevo, el culero que puso tinta en mis calcetines nuevos y nunca se quitaron, el wey que no me quiso decir en la zona rosa una dirección y casi nos partimos la madre, el pendejo aquel que por un momento perdió mis zapatos, y así me podría seguir un rato, pero sé que posts largos les da hueva leer, pero siéntanse libres como yo de mentarle su madre a esos ojetes en este post o de desmentirme en los comentarios, y si se lo preguntaban, no, nunca aprendí a usar esa madre del Colorfiel, tiraba todo y hacia una desmadre. 




Yobailopogo!
 -El mejor bolero en la historia es Cien Años de Pedro Infante y el que no esté de acuerdo nos vemos afuera del palacio de bellas artes para que se anime a bolearse los zapatos con uno de esos culeros-