OPINIÓN: Inflación: el mayor desafío para 2011

24-8-2010 - Después de un par de meses en que promedió el 1% mensual, la inflación se aceleró en julio al 1,5% mensual y 23% anual, y cabe esperar se mantenga entre 24 y 25% anual en la última parte del año.

La siesta de mayo y junio se explica por la reducción transitoria de tarifas de energía que le quitó casi medio punto mensual al índice -la baja se revierte parcialmente en agosto y se completa en octubre-, y porque la propia aceleración de la inflación neutralizó la expansión del consumo popular (alimentos y bebidas).

La inflación núcleo -que excluye precios estacionales y regulados- es más elevada que la inflación general, y tocó 24,7% anual al mes de julio. Los incrementos de precios no pueden atribuirse a unos pocos productos o servicios, sino que son generalizados como lo indica el nivel del índice de difusión que desde marzo se mantiene sobre 70% para el índice general, y sobre 80% en el capítulo de alimentos y bebidas (o sea: más de 70% de todos los ítems, y más del 80% de los alimentos, suben mes a mes).

En suma, la inflación no es culpa de un par de productos o servicios, y se sigue acelerando a pesar de un tipo de cambio anclado (devaluación de 2,5% en el último año) y tasas de interés de un dígito.

La estrategia del Gobierno de impulsar el consumo popular se complica por dos lados: los ingresos reales (salarios y pensiones) caen a pesar de ajustes cada vez más frecuentes y crecientes porque persiguen un blanco que se escapa (la inflación). Pero además cae el consumo popular, ya que la inflación anual en alimentos y bebidas es mucho mayor que la agregada (35% promedio anual en los últimos 5 meses).

La estrategia oficial para "proteger" el poder de compra de los ingresos es y seguirá siendo acelerar los aumentos de salarios, transferencias familiares y pensiones por un lado, y reprimir precios y actividades comerciales por el otro. Esa política no garantiza que todos los ingresos suban por sobre la inflación, ya que más de 45% de los empleos son informales o autónomos.

Pero además de fracasar en estabilizar precios y alentar el consumo -a no preocuparse, todo se compensa con más empleo público y gasto discrecional-, el modelo de precios administrados (estrategia de "comando y control") daña la oferta en forma creciente. No sólo cae la producción de lo que se reprime (llámese petróleo, gas, carne, o intelectuales) sino que al congelar el tipo de cambio se genera una "cuña" entre precios al consumidor que crecen mucho más que los precios al productor. Cuando los costos crecen por arriba de los ingresos, los beneficios caen y eventualmente se tornan en pérdidas.

Qué esperar para 2011 sino más inflación, ingresos reales estables sólo para el promedio -ganancias para unos, pérdidas para otros-, e inversión privada estancada a pesar del "boom" de actividad. Es un esquema Ponzi en el que el Gobierno redobla la apuesta (inflar más para no caer) al costo de crear cada vez mayores desequilibrios. Habrá que ver quién se encargará de desactivar ese mecanismo (pero no lo espere para 2011).

Por Juan Luis Bour - lanacion.com