OPINIÓN: Cumbre de banqueros centrales: las internas también arrecian en la Reserva Federal

28-8-2010 - La cita se repite desde 1978. La que invita es la Reserva Federal de Kansas, que después de dos discretos simposios en Kansas City y Denver entendió que el gran encuentro de los banqueros centrales del mundo requería otro glamour. En 1981, el evento se mudó a Jackson Hole, en Wyoming, y desde entonces el exclusivo resort invernal se convirtió en el Davos de las finanzas.

Este año, la postal se actualiza. Y en el marco constante de las grandiosas montañas del Gran Teton National Park, se repetirán las cuidadas escenas de camaradería de los popes monetarios y será posible ver a un inusual Bernanke de sweater que arriesga una sonrisa antirecesiva. Pero las cumbres de los últimos años fueron cualquier cosa menos plácidas y ésta no será distinta.

En 2007, el simposio coincidió nada menos que con el inicio de la crisis de crédito en Estados Unidos, que ya empezaba a mostrar los dientes. En 2008, precedió por apenas unos días al ensordecedor colapso de Lehman Brothers y en 2009 se dio en los albores de la recuperación de la economía global, cuando el repunte todavía era más una expresión de deseos que una evidencia.

Este año, el escenario también tiene mucho de encrucijada, con una recuperación anémica, sazonada por un nivel de desempleo que no cede y una inflación incómodamente baja. Y a la encrucijada macro se le suma la infaltable interna: en la Fed los bandos están cada vez más divididos. De hecho, Thomas Hoenig, el presidente de la Reserva Federal de Kansas y anfitrión del encuentro, es precisamente el líder de los disidentes dentro del comité monetario de la Fed.

La última reunión del organismo –según algunos, la más acalorada en los cuatro años y medio que Bernanke lleva en la Fed– fue una buena prueba de esta tensión subyacente. Siete de los diecisiete miembros del comité estuvieron en contra de la decisión que finalmente se tomó de volver a comprar bonos en el mercado en un intento por insuflar aire a una economía que empieza a jadear de vuelta a mitad de camino en la cuesta arriba de la recuperación.

La Fed no intervenía en la plaza desde marzo y se vio obligada así a reflotar el estímulo después de meses de cavilaciones sobre el timing adecuado para el retiro gradual de las medidas de emergencia.

Pero el debate está abierto. En el campo de los escépticos está, por ejemplo, Kevin Warsh, el gobernador más joven de la Fed con sólo 40 años, que suele acompañar a Bernanke a los partidos de baseball en Washington. A Warsh, como a otros, le preocupa que el mercado anticipe compras masivas de bonos antes de que realmente se evalúe la estrategia y que la Fed aparezca más preocupada por la economía de lo que realmente está.

Pero más allá del tironeo y de la socrática apertura al disenso de Bernanke que todos elogian, parece claro que el titular de la Fed no está dispuesto a dejarse arrastrar a la trampa de la deflación.

Como profesor de Princeton en los noventa, Bernanke criticó sin contemplaciones a los japoneses por haber sido demasiado timoratos a la hora de combatirla. Y ya son famosas sus declaraciones durante la celebración de los 90 años de Milton Friedman en 2002, cuando aún era un gobernador y prometió que la Fed nunca volvería a permitir una deflación como la que azotó a Estados Unidos en los años treinta.

Sorpresas te da la vida, que años después lo puso en el lugar justo y en el momento exacto para hacerle honor a aquella promesa. Una promesa que probablemente algunos le recordarán –whisky mediante en alguna sobremesa– en esta nueva ronda de Jackson Hole.

Laura García Editora de Finanzas - cronista.com