NOTICIAS: Efecto dólar quieto: sólo en 15 días los plazos fijos dieron un salto de $ 1.500 millones

23-8-2010 - Pese a las tasas de interés estables y negativas, los ahorristas incrementaron sus inversiones en pesos en los bancos. Los plazos fijos del sector público también dieron un salto de $ 2.507 millones en lo que va del mes

Aún con tasas de interés planchadas (y expectativas de que continúen en ese sendero), los ahorristas están optando por dejar sus pesos en los bancos. Así lo revelaron los últimos datos del Banco Central (BCRA), que muestran que en la primera quincena de agosto, los plazos fijos del sector privado en moneda nacional avanzaron nada menos que $ 1.520 millones. El stock de colocaciones a plazo pasó de $ 72.521 millones a fin de julio hasta $ 74.041 millones al 13 de agosto (última cifra oficial disponible). En esta dirección, parece que agosto se perfila a desplazar a julio, cuando la suba de estos depósitos anotó un récord. En rigor, el mes pasado avanzaron un 4% y subieron $ 2.700 millones, aún cuando en la primera mitad habían crecido poco más de $ 500 millones. En la suba, según explicaron en el sector bancario, había pesado el efecto aguinaldo.

El fuerte incremento de este

mes llama la atención, debido a que no sólo las tasas están estables hace un tiempo prolongado, sino que siguen siendo negativas respecto del indicador de precios. Es decir, no le ganan a la inflación. Mientras el índice inflacionario se ubica en un piso de 20% anual (según estimaciones privadas), el rendimiento de un depósito minorista (es decir, de menos de $ 1 millón) colocado a 30 días es, en el mejor de los casos, de un 9% anual. 

Pero, ¿qué motiva a los ahorristas a colocar su dinero en una inversión poco atractiva? En un banco líder de capitales extranjeros explicaron que “en Argentina, por lo general, cuando la gente decide realizar un depósito a plazo, no se mueve por tasas de interés o por rendimiento –históricamente en los últimos años las tasas fueron negativas respecto de la inflación–, sino que la motivación pasa por lo que ocurra con el dólar”.

En esta línea, es que se encuentra cierta lógica al comportamiento. Las expectativas de devaluación han cambiado y cada vez son más moderadas. El tipo de cambio, de hecho, apenas se movió en julio, pasando de $ 3,95 a $ 3,96 y promete seguir ne estos niveles al menos hasta fin de agosto. Es más, en lo que va del año la depreciación del peso se ubica en 3,5%. Varios fueron los analistas y bancos que modificaron en los últimos días los pronósticos del dólar. La semana pasada, grandes entidades financieras de Wall Street, como Barclays y JPMorgan, salieron a bajar sus estimaciones sobre el tipo de cambio hasta $ 4,10 para fin de año. Los mismos que antes preveían para esa fecha que el dólar llegaría a $ 4,30 y ahora aseguran que lo mantendrán a raya para evitar que se dispare la inflación. 

A su vez, en julio la fuga de capitales (entendida como la formación de activos externos) anotó el segundo menor nivel del año. El mes pasado, se fueron capitales por u$s 400 millones, muy lejos de los u$s 1.200 millones que suelen salir en épocas de mayor ruido.

Por otra parte, los depósitos del ámbito público avanzan en la misma dirección. El total de plazos fijos en pesos de este sector creció mucho más fuerte aún. En la primera parte del mes dieron un brutal salto de $ 2.507 millones para ubicarse en $ 54.687 millones, según cifras oficiales. Las expectativas en el sector apuntan a que las colocaciones a plazo sigan creciendo a buen ritmo (tanto del sector privado como del público) hasta fin de año, con una tasa estable y un dólar contenido.

Éstas son buenas noticias para el Gobierno. Resulta que los plazos fijos no se computan en el M2 “privado” (que es la suma del circulante en poder del público y los depósitos a la vista del sector privado), que tanto desvela en estos momentos a la titular del BCRA, Mercedes Marcó del Pont. Este indicador se desbordó: en términos interanuales creció más de 23%. Si la tendencia al alza de los plazos fijo continúa, le quitaría algo de presión al ente regulador, para resolver la difícil tarea a la que se enfrenta, en soledad, de esterilizar los pesos sobrantes en la economía.

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