Entrevista del periódico "El País"


Piel dorada por las horas disfrutadas en las playas de Ibiza, Formentera y las islas griegas, la misma sonrisa de siempre y el pelo ensortijado por levantarse de una buena siesta de dos horas, a 7.000 metros de altura y camino de México para disputar un partido amistoso con la selección campeona del mundo. "Venga, maqui, que aún puedo dormir un poco más", suelta Gerard Piqué (Barcelona, 1987), que se ha puesto de nuevo el chándal de España antes que el del Barcelona tras regresar de las vacaciones. Lo mismo le da. Él lo que quiere es ganar.

Pregunta. Sus amigos dicen que, tras eliminar en las semifinales a Alemania, anticipó con algún mensaje que serían campeones del mundo. ¿Es cierto?
Respuesta. Sí, alguno. ¡Anda que si llego a fallar! Pero tuve ese presentimiento porque el juego de Holanda nos favorecía más que el de Brasil o el de Argentina, por ejemplo. Era una oportunidad única en la vida que no podíamos desaprovechar. Y no pensaba dejarla pasar.

P. ¿Qué les dijo Vicente del Bosque antes de la final?
R. Que planteáramos el partido normal, que era un encuentro más. Y, sobre todo, insistió varias veces en que acabáramos con 11, que en las finales no te pueden expulsar. Luego, marcó Iniesta y tuve claro que ya estaba, que el título era nuestro. Y que era justo porque fuimos el equipo que intentó plantear el mejor fútbol. Es verdad que no siempre nos salieron partidos redondos, pero eran duelos a vida o muerte: ganar o para casa.

P. Cuando se mira en el espejo, ¿piensa qué es campeón mundial?R. Pienso que no estoy mal... No; en serio, nunca lo pienso. Tampoco cuando me levanto de la cama o voy a dormir. Yo me despierto predispuesto a disfrutar del día. Que soy campeón ya me lo recuerda la gente por la calle. No me quejo, ¿eh? La verdad es que la fama solo me molesta cuando no me dejan comer tranquilo en un restaurante. Pero por la calle no me importa nada que me paren. Intento que todo el mundo disfrute del momento tan especial por el que pasan la selección y el Barça. Aunque a veces es exagerado.

P. ¿Es usted feliz?
R. Sí, muy feliz. Pero ya lo era antes de ganar el Mundial o de jugar en el Barça. Se trata de hacer felices a los que te rodean para completarte. Seguro que he cambiado en pequeños detalles porque maduro, crezco y me desarrollo como persona. Eso le pasa a todo el mundo, sea cual sea la edad. Pero, más o menos, soy el mismo. Tengo la misma novia, el mismo hermano, los mismos padres que me echan la bronca si hago alguna cosa mal, como la de la semana anterior por llegar tarde a una cena... Y en lo deportivo, por supuesto, me siento realizado, orgulloso de mi carrera. He tenido además la suerte de jugar en equipos campeones y eso se traduce en títulos.

P. A sus 23 años, ya lo ha ganado todo.
R. No; todo, no. Me falta la Eurocopa. Y la quiero. Cuando ganas, disfrutas del triunfo y te contagias de la felicidad de todo el mundo, no puedes parar. La victoria es un vicio muy goloso. Y yo soy un ganador. Ahora disputamos cuatro títulos con el Barça y arranca la fase clasificatoria para la próxima Eurocopa.

P. ¿No se pierde el gusto por la competición?
R. Al revés. Me divierto como un niño cuando gano a un amigo una partida de ping-pong y me enfado a más no poder cuando alguien me derrota al parchís. Es cierto que no es lo mismo una pachanga en el jardín que ganar en Sudáfrica la Copa del Mundo, pero en la competición deportiva solo existe ganar o perder. Y no soy tan tonto para escoger lo segundo.

P. Incluso quiere ganar este amistoso ante México, ¿no?
R. Claro. Sé que se ha montado cierto revuelo porque nos han citado sin pasar por el Barcelona. Yo no creo que la federación sea estricta, sino que vela por sus intereses. Todos lo hacen. Esto es un compromiso de la selección y es normal que en México quieran ver a los campeones. Por ese mismo motivo tenemos que ir al partido y salir a ganar. Por otro lado, también entiendo que el Barça se mosquee. Tenemos la ida de la Supercopa tres días después de jugar en México y no llegaremos al partido. Espero estar para la vuelta. Es un título.

P. ¿La Liga se volverá a decidir entre el Barcelona y el Madrid?
R. Sobre el papel, sí. Pero nunca se sabe lo que puede pasar y ahora no podemos perder la humildad. El Madrid tiene a Mourinho, otro ganador, pero con un estilo diferente. Es un técnico que sabe sacar jugo de sus futbolistas, que tiene muchos recursos tácticos, no solo defensivos, y que por donde pasa arrasa. Es un entrenador que no hace las cosas al azar. Estudia todos los pasos para asegurarse las victorias.

P. ¿Le gustan sus fichajes?
R. Di María es rápido y les dará profundidad en el juego, Pedro León es un futbolista completo. Tiene regate, toque, disparo y gol. Canales apunta muy alto. Y Khedira ofrece estabilidad. Pero el Barça defiende el título. Nosotros seguimos con la misma base y hemos incorporado a Adriano, que dobla muchas posiciones, y Villa, que da mucho gol. El que no ha llegado es Cesc. Bueno, es una auténtica pena porque es un jugador que puede aportar mucho al equipo, que encajaría a la perfección porque es de los nuestros. Quizá el año que viene...

P. ¿Le han restado competencia sin Márquez ni Chigrinski?
R. No lo sé. También están los del filial que empujan con fuerza. Chigri es un chaval encantador que ya hablaba castellano y habría triunfado porque tenía muy buenas cualidades. Le faltaba este año... Y el currículo de Márquez habla por sí solo. Tengo ganas de verle en el Azteca para darle un fuerte abrazo.

P. Y de ganarle con la selección, ¿no?
R. Sí. Nuestro equipo es de los mejores. Pero eso no es garantía de nada. Ya hemos hablado muchas veces de que el ejemplo es Francia. Ellos ganaron el Mundial de 1998 y la Eurocopa de 2000. Luego, se fundieron. No puede pasarnos lo mismo. Hay que seguir ganando.