Piqué ha madurado en un tiempo récord según "Tarzán" Migueli


Si todo va bien, la próxima semana se oficializará mi incorporación a la estructura del club encargada de cuidar la buena imagen del club. Es un orgullo que se haya pensado en mí para desempeñar esta labor y me enorgullece poder reencontrarme con jugadores a los que tiempo atrás tuve conmigo en el fútbol base. Me refiero, por ejemplo, a Iniesta, a Bojan, a Jonathan dos Santos o a Piqué. Recuerdo a este último; con 12 años era muy delgado y su cuerpo me parecía un tanto descompensado, pero ha madurado en tiempo récord para convertirse en un señor futbolista, siempre con valentía, con desparpajo y con un juego que no ha parado de evolucionar.

Poco más se le puede pedir a Piqué. Quizá, que utilice siempre la cabeza y que no pare de querer crecer. Gerard Piqué no sólo está dando la talla en el Barça sino también como integrante de la selección española. Por entrega y honradez, es un jugador al que se le respeta en todo lugar. Me llena de orgullo pensar que en ese sentido le pasa como a mí. Le veo ahora y recuerdo a ese Piqué que ya me tenía el corazón robado de chaval.

Insisto en que Gerard ha madurado a una velocidad increíble. Poquísimos jugadores suben tan deprisa hacia cotas tan altas. Sólo hay que ver cómo saca y sube la pelota o la fuerza con la que corre a rematar balones en el área contraria o el arrojo con el que defiende la pelota, al compañero y al resultado.

No se me ocurre nada que deba mejorar lo que se dice mejorar, pero sí le invitaría a querer ser aún mejor cada día. Antes de su gran eclosión yo ya elogiaba a Piqué, y su abuelo Amador Bernabéu me agradecía mis palabras. Ahora Gerard recibe merecidos elogios por doquier. Para mí ha progresado de tal forma que está preparado para heredar el brazalete de capitán de Puyol. Y no me extrañaría que en el futuro acabe siendo también uno de los capitanes de 'la roja'. Madera no le falta y es de los que nunca hablan por hablar.

Me invade la nostalgia cuando echo la vista hacia atrás y reboso satisfacción al pensar que acompañamos a Gerard y a otros iconos durante su formación. Y en el caso particular de Piqué me cautiva que su proyección sea infinita