SAN CRISTOBAL EN LA INDEPENDENCIA NACIONAL DOMINICANA / Juan Pablo Duarte y Diez en San Cristóbal.


Benito de la Rosa y Garabito

En 1838, año en que fue fundad la Sociedad Secreta “La Trinitaria”, San Cristóbal era una común en pleno desarrollo. Sus numerosas posesiones agrícolas crecían de nuevo, ahora sin esclavos, porque los haitianos quitaron esa ignominiosa condición humana. Se trataba de una nueva sociedad. Las relaciones de producción eran insoportables. Había una reforma agraria en ejecución que permitió poseer propiedades agropecuarias a los esclavos. Peor muchas propiedades entraron en decadencia porque sus dueños esclavistas no se ajustaban al nuevo orden y las abandonaron. El pueblo paso a ser su dueño.

En 1843 es un año de ardor político y lucha separatista. Para entonces era comodante de Armas en esta Común el Coronel Estebal Rosa, oriundo de España.

Los trinitarios habían triunfado en las elecciones de ese año. El 27 de enero había brotado la Revuelta de Praslin en Haití que derroco a Jean Pierre Boyer. Ese movimiento se llamo La Reforma y sus partidarios reformistas. Sustituyó al derrocado presidente, el jefe reformista General Charles Herard Ainé.

Con motivo de se triunfo en Dominicana se formaron juntas populares para desplazar las viejas autoridades que llevaban como elite social y política mas de medio siglo dirigiendo la cosa publica. La exaltación popular era aguda e intensa. Dichas juntas estaban puestas y dirigidas por gente joven del pueblo. Era una revolución.

Así las cosas, los trinitarios tuvieron sus mejores momentos y capitalizaron la situación. Las acciones separatistas se realizaban abiertamente. Los reformistas tenían compromiso político con los cosecionistas dominicanos porque eran sus aliados en palucha contra el dictador Boyer.

Fue en ese año de 1843 que Juan Pablo Duarte estuvo en San Cristóbal en casa de Esteban Rosa coordinando con este y Lorenzo Araujo las acciones conspirativas pro independencia dominicana. El nombre revolucionario de Duarte era “Arístides, Divisa Azul”,

Por eso, cuando el estallido del 27 de febrero de 1844 en Santo Domingo, la común de San Cristóbal fue de las primeras en presentarse con sus hijos al combate libertario, yendo Esteban Roca con unos cien hombres sancristobalenses a la Capital al amanecer del 28 de Febrero. El trabucazo de mella fue a las 11 de la noche del 27.

El reformismo antiboyerista tuvo a San Cristóbal como un decisivo escenario. La rebelión chorna la dictadura de Boyer estalló el 27 de enero de ese año 1843, como vimos ya. En la parte este la conspiración dio sus frutos el 24 de Marzo. El gobernador era Carrié; el Comandante de Armas Paul Aly. El jefe conspirador en esa parte de la isla era Henri Entienne Desgrottes. Por el lado dominicano el Numero Uno era Juan Pablo Duarte y diez. Los dominicanos buscaban crear la coyuntura favorable para proclamar la independencia trayendo a la luz su ideal supremo; República Dominicana.

La tarde de ese 24 de Marzo hubo un combate entre los rebeldes dominicanos y haitianos reformistas por un lado y los boyeristas por el otro. La resistencia de Aly y Carrié era dura. Las tropas de ocupación controlaron la situación después del encuentro bélico ocurrido en las inmediaciones de la Catedral primada de América y la ex fortaleza Ozama.

La entonces pequeña y somnolienta romántica Santo Domingo de Guzmán quedó militarizada una vez más mientras cinco mortuorios discurrían en su seno producto del choque armado. Duarte se refugio en casa de su tío José Diez quien vivía en la calle mercedes casi esquina Las Damas. Envió su caballo con un ayudante suyo hacia el oeste de la Capital y, corriendo todos los peligros del momento, salió rumbo a San Cristóbal. Dejó un mensajero a su aliado táctico Desgrottes para que todos se reunieran en San Cristóbal en casa del Coronel Esteban Roca, Comandante de la Guardia Nacional en dicha localidad.

Roca era pro independentista, por tanto, era aliado de Duarte además de ser amigos personales. De ahí que Duarte buscara su apoyo para derrocar a Cariié.

La semilla independentista estaba tan enraizada que algunos gritaban en público ¡viva la independencia! Era un secreto a voces el ideal de os duartistas que constituían el grupo mas avanzado políticamente de esa época.

Desgrottes y muchos más llegaron a San Cristóbal al amanecer del 25. Duarte tocó en la forma trinitaria la puerta a Esteban Roca. Dijo en baja voz: “Soy Arístides, divisa Azul”. En seguida Roca abrió la puerta.

Ese amanecer la pequeña y grisácea Común de San Cristóbal, con sus casas de cana y yagua y el verdor de sus fértiles campos, se convirtió en la capital del patriotismo y os afanes libertarios. Pisaban sus enyerbados caminos docenas de caballos y hombres que se organizaban para la guerra.

El Comandante de Armas de la Común, Coronel Lorenzo a Florencio Araujo se opuso a la idea de Duarte y Desgrottes. Roca apoyaba a los rebeldes trinitarios y reformistas. Araujo fue a atrincherase en Hatillo a res kilómetros de la villa porque esta virtualmente estaba ocupada palmo a palmo por los duartistas y los reformistas. Duros fueron los intentos de Duarte y otros prominentes hombres tratando de convencer al renuente Araujo para que se les uniera con sus hombres. Cuando amenazaba con atacar a los patriotas, se presento ante el al día siguiente a su amigo de confianza Remigio del Castillo y lo convenció diciéndole que Boyer huyo, que esto era un paso hacia la independencia, que conservara su puesto, que tendrá consideraciones de los triunfadores, etc.

Mientras tanto el relincho y el tropel de caballos se juntaban con el sonar de armas blancas y el rastrillar de fusiles preparándose para el combate. San Cristóbal era un campamento donde se armaba la rebelión contra Boyer pero detrás se acrisolaba el estallido febrerista. En el seno de esta Común se demostró en ese tiempo que os haitianos eran vencibles y que si nos podíamos levantar y derrocar a Boyer, más fácil seria derrotar y derrotar a los reformistas en una revuelta por la independencia nacional y así ocurrió a su debido tiempo.

En Baní y Azua los emisarios duartistas obtuvieron el apoyo del Coronel Mariano de Mendoza y Buenaventura Báez Méndez respectivamente.

La incorporación de Araujo al grupo fue decisiva para la formación de una poderosa fuerza que marcharía contra Carrié y Aly en la Capital. El medio del jefe en cuestión era el de perder su cargo.

Mientras tanto, las fuerzas de la revolución trinitaria reformista crecían y se organizaban en la Común al amparo de Duarte y Desgrottes. Fue una ocasión ñeque Duarte demostró capacidad organizativa en el campo de las armas.

Con suficientes hombres armados en San Cristóbal. Desgrottes envió un mensaje a Carie intimidándole a la rendición o caería sobre la Capital con tres mil soldados… se demostró una vez más que en momentos dados hay que aliarse al enemigo para poderlo combatir y Duarte era bastante táctico.

Del 26 al 29, San Cristóbal era un verdadero campamento militar revolucionario. La villa dejó de ser dormilona para agitarse con el ir y venir de hombres y caballos en furtiva carrera para la contienda bélica. Los hombres estaban exaltados y veían la victoria al doblar de la esquina. Y más aún que los dominicanos sabían de esa brillante oportunidad para ampliar y consolidar sus pretensiones patrióticas por la separación del dominio haitiano.

Carrié huyo a Curazao en un barco. Dejo el Gobierno a un consejo y este abrió la ciudad el 29 a las ropas que desde San Cristóbal penetraron triunfantes. Aly se sumo a la revolución. El pueblo saludaba y vitoreaba bajo el tema de ¡Libertad o Muerte! Duarte y Desgrottes, juntos con Ramón Matías Mella, Pedro Alejandrino Pina, Juan Isidro Pérez, y Francisco del Rosario Sánchez; además los haitianos Ponthieux, Montás, Benoit y Bernier encabezaron la caravana de hombres y nobles brutos que enraba a Santo domingo Procedente de San Cristóbal bajo la sombra de los laureles.

Pronto llego el lógico rompimiento entre reformistas y trinitarios roque los reformistas solo buscaban cambiar de gobernantes haitianos mientras los trinitarios eran independentistas y su lucha era conocida. Todo fue una táctica político-militar para allanar el camino hacia la separación dominicana. Y estallo el 27 de febrero de 1844, once meses después.