domingo, 13 de diciembre de 2009

Cuando te conocí (Parte 3 y Final)



En la primera cita creyó que no me había gustado nada, pero cómo no era cierto puse más interés en la segunda. Me puse falda y botas de tacón bajo para la ocasión.
Toda una hazaña lo del tacón ya que suelo usar suela plana y así me fue.

De camino a un vips metí el tacón en un agujero de la acera y casi me voy de morros.
Al llegar según pasamos por la sección de revistas, trastabillé un poco en mi andar y tiré tres o cuatro por los suelos.
Me tropecé con una valla de tantas que hay por el centro de Madrid, en este caso la Gran Vía, y provoqué sus carcajadas. Creyó que me acercaba a él al andar para que me abrazara, pero sólo intentaba no tropezar más.

Él ya intuía debido a mis torpezas y actitud que me gustaba. Yo no lo sabía y decidí jugármela. Le mandé el relato que le escribí de “Con un par de alas” y la canción de “Rojitas las Orejas”. Se me ponen si me besas, rojitas las orejas.
Al relato contestó que aunque era pequeñita la balanza caía de mi lado y a la canción, que ya se fijaría cuando me besara si se me ponían rojas las orejas. Según leí esos mails, me puse a hacer gestos de victoria yo sola en mi habitación cómo una gilipollas.

Ya en la siguiente cita estaba expectante, porque había no insinuado sino dicho claramente que iba a besarme.
Estuvimos en un irlandés, en el que estaban echando un programa de pelis porno en la tele y no paraba de ponerme roja y a continuación fuimos a otro. Pero yo veía que iban pasando las horas, las tres, las cinco de la mañana y él no me besaba. Además de que el último sitio cerraba a las seis.

Empecé a pensar que había hecho algo mal, o había cambiado su opinión respecto a mí y cómo se me notaba la decepción en la cara, me preguntó que qué me pasaba.
Contesté vagamente que según lo último que me había escrito, esperaba otra cosa.
En un principio se hizo el loco, aunque sabía perfectamente de lo que le estaba hablando y al final acabo diciéndome que todo llega.
Aún así se encendieron las luces del local a las seis menos algo, señal inequívoca de que cerraban en breve, a lo sumo quince minutos más y yo había perdido toda oportunidad.

Cavilando todas estas cosas tomé una determinación, no sabía cómo me iba a atrever porque yo no había dado ese paso nunca, pero le iba a besar.
Pensé que si se tenía que quitar que se quitase, pero que no me iba a quedar toda la vida con esa duda y habiendo desperdiciado la ocasión.
Una vez tomada la decisión dejé de pensar y lo besé, un fugaz roce de labios para después esconder la cabeza en su hombro debido a la vergüenza que estaba pasando.

Después me besó él y así comenzó todo. Aunque yo no me enteré hasta dos semanas después en que un actor de teatro, antes de entrar a una función, nos preguntó si éramos pareja y él contestó que sí. Ciertas cosas o me las aclaran, o no me doy por enterada.