viernes, 4 de diciembre de 2009

Cuando te conocí (Parte 2)




Según llegamos a este bar de copas y me quité el abrigo vi cómo me miraba, llegando a pensar que me contemplaba el escote. Me vino un ramalazo de olor a colonia y pregunté:
-¿Esa es la colonia que dices que te gusta?
-Sí, ¿te ha llegado el olor?
-Si es que te has debido echar medio frasco porque se huele a tres kilometros, la mía tendrías que acercarte a olerla al cuello.- Diré en mi defensa que traíamos pique ya, siempre metiéndonos un poco el uno con el otro y prefería meterme yo con él antes de que se cebara él mucho conmigo.

Después de este comentario, ya empezaba a tener ganas de robarle un beso. Nos despedimos en la puerta del metro casi a la una y me quedé mirando cómo se iba por si se volvía a verme aunque no lo hizo.

Debo de aclarar un par de puntos descubiertos tiempo después, por hacer honor a la verdad a sabiendas que soy muy susceptible de ser objeto de burla, porque no es para menos.
1. Los labios secos no eran por conocerme, tiene un problema respiratorio y al tomar aire por la boca se le secaban.
2. Mientras a mi me parecía un pijo roedor por esos rombos que le resaltaban los mofletes, yo a él le parecía una zarrapastrosa con mi viejo abrigo verde y yo que creía que me había arreglado bien para la ocasión.
3. Cuando yo creía alegrándome que me miraba el escote, él lo que me estaba mirando eran los muslos enfundados en unos vaqueros, pensando que ya sabía que estaba delgada pero sin haber imaginado que tanto.

En principio nos repelimos un poco, pero al final ninguno nos queríamos despedir. Para que luego digan que la primera impresión es la que cuenta. Menos mal que no.

Continuará……

Aquí acaba la primera cita, las posteriores las resumiré mucho en una sola entrada hasta llegar al desenlace que sino esto ya se hace largo y pesado.