De Salud y Otras Cosas: El Paciente y sus Caprichos



Cesar Mella

“Debe ponerse esta inyección en las nalgas” le ordenó el médico a una jovencita vergonzosa y afectada de una fiebre muy alta.

La forma de administración de un medicamento tiene un significado a veces mágico para el paciente y sus familiares al momento de un padecimiento.

“Enfermera colóquele a Don Ruperto un suero mixto vitaminado a goteo rápido”. El anciano deshidratado y sus familiares valoraron la prescripción facultativa como salvadora.

“Ese médico no pone los aparatos... No me convenció”. Cuando un galeno toma la tensión arterial y con su estetoscopio ausculta el pecho tomando la frecuencia del latido cardiaco, el paciente se siente conversando con la ciencia y cualquier gesto que proceda del examinador le causa aprehensión.

En el llamado síndrome de la bata blanca a muchos seres humanos “le sube la presión” al momento de la toma. Este hecho se atribuye al temor y la tensión nerviosa que deriva de esa exploración.

Cuando el atendido sale del consultorio con tres prescripciones (receta), adopta una o varias de las conductas siguientes: De los tres fármacos compra la vitamina y deja el antibiótico ( Que es el más importante) , para comprarlo después.

Otra actitud es dejar el inicio del tratamiento “para después”.

No quiero decir por su crudeza, que muchas de esas recetas van a mano de un político, quien “generosamente le da el dinero de comprarla” y al poco rato ese dinero es invertido en otra cosa, para no decir en “un pote de romo”.

Los jarabes, sobre todo coloreados y con sabor dulce son atractivos para los niños.

Muchos adultos recuerdan la emulsión de Keppler y la de Scoot, El Wanpole, El jarabe de la Sra. Muller y el de Lidia Pinhans (todos mal escritos).

Las pomadas, los ungüentos y los bálsamos son tan antiguos como el hombre mismo. Los masajes con unturas nos remiten a la infancia en un gesto cariñoso como ritual compasivo.

¿Cuántos de nosotros, en medio de un “tobillo dislocado”, nos hemos colocado un apósito de hojas de mamón con sebo de Flandes tibio?

Termino con un capricho muy socorrido en la población poco ilustrada, (que es la mayoría): “Vecina fui donde el Dr. Mella y me recetó unas pastillitas azulitas para los nervios y eso fue un cuchillo”. Pues les cuento que esa vecina le prestó su receta a su amiga y ella fue y las compró, por supuesto las tomó, lo que no sé es si mejoró.

Un consejo final: “como nadie piensa en cabeza ajena, tampoco nadie debe curarse con receta ajena”…