Poema en una noche de luna gris para despedir a la muchacha de sal



VIRGILIO LOPEZ AZUAN

Esta noche la veo marchar por mis avenidas, detrás se están yendo todos los espejos del agua, y la bahía, detrás se están yendo sábanas y alegrías, campanillas temblando desconsuelos. Se fueron detrás de ella las flores, las puertas con sus candados y su con fe. ¿Quién te ha visto muchacha con tus flores bajo esta luna gris, noche de sal? Adiós, te vas sin las despedidas, con peces en la sienes y llantos de niña. Te vas, con tanta prisa, sin borrar tus huellas. Ahora, ya la luna es un perro que orina en mi cerebro, ya el cielo ha dejado de ser cielo para que olvide las estrellas. Te vas, te veo, te vas. Te estás marchando, y una rabia de ventanas abiertas, cierra su canción en este vacío del alma. Tengo mis penas y sus helechos, el musgo negro del misterio, las rosas muertas que vas regando en los caminos… No creo en nada, quiero que estalle todo, que explote todo en la corola de verso o en mi taza de café, a esta hora de mala yerba. Quiero arrancarte, morder los vacíos para olvidarte. Quiero que esta noche sea de otro color, azul cielo, sin llanto, para volverte a ver otra vez en el sueño de mis dedos. Que nadie pregunte nada, que maldita sea esta hora de sueños rotos, mendigo que muere y calla con las manos tendidas. No quiero que nadie hable, a esta hora, que aturden las palabras, el dolor se hace gris, que muerde. Todo se fue tras de ti, me has dejado los vacíos que muerden mis canciones. No quiero saber nada, que nadie cante, que muere el amor entre adioses, en la ausencia, en las palmeras nocturnas de una playa muerta. Tengo los tonos bajos, ya no suenan en La Menor tus besos, los recuerdos ya no sirven de nada, nadie sabe cuanto muero.

Por esos caminos va la muchacha de sal, sin retornos, sin lunas por su suerte, y yo que tanto la quería, se ha ido en esta noche gris, sal de todas las sales, palabra sin palabras. Se va, la muchacha, por los caminos de polvo y arbusto en los costados, del limo mostaza de la tarde. Ya no escucha mi voz, y las flores se volvieron negras en sus manos. Ya no me escucha la muchacha de sal, gris de sal, muchacha que se marcha. Todo se va tras de ella, tras su sombra, tras su amor si retornos, de puertas negadas, y besos cuarteados. Ya no se ve la muchacha de sal en esta noche de luna gris. Ya no está su silueta sobre los caminos, se ha ido con tanto amor en el llanto, con tantas ansias y tantos llantos rotos… Ya no se ve la muchacha de sal, ya no se ve… Adiós muchacha, adiós. Adiós, se fue la muchacha de sal. Ella, ¡Caramba! que tanto me quería.

Ilustración: Marcial Báez