Los Alimentos Terrestres y los Nuevos Alimentos de ANDRE GIDE


André Gide. (París, 1869-id., 1951) Escritor francés. Los efectos de una educación rígida y puritana condicionaron el principio de su carrera literaria, que se inició con Los cuadernos de André Walter (1891), prosa poética de orientación simbolista y cierto tono decadente. Se ganó el favor de la crítica con Los alimentos terrestres (1897), que constituía una crítica indirecta a toda disciplina moral, en la cual afirmaba el triunfo de los instintos y la superación de antiguos prejuicios y temores.

Esta exigencia de libertad adquirió posteriormente expresión narrativa en L'immoraliste (1902), La porte étroite (1909), Isabelle (1912) y la Symphonie pastorale (1919). Después del éxito de Los alimentos terrestres, publicó Prometeo mal encadenado (1899), reflexión sobre la libertad individual, obstaculizada por los remordimientos de conciencia. Idéntica preocupación por lo moral y la gratuidad reflejan Los sótanos del Vaticano (1914) y Corydon (1924), esta última un diálogo en defensa de la homosexualidad, que supuso un auténtico escándalo.

Participó en la fundación de La Nouvelle Révue Française (1908) y publicó ensayos sobre viajes, literatura y política. Los monederos falsos (1925) es una de las novelas más reveladoras del período de entreguerras y gira en torno a su propia construcción y a la condición de escritor, aunque su obra más representativa tal vez sea su Journal (1889-1942), que constituye una especie de Bildungsroman (aprendizaje de novelista). En el año 1947 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura.



LOS ALIMENTOS TERRESTRES Y LOS NUEVOS ALIMENTOS
André Gide.

Subrayados:

LIBRO PRIMERO

Asumir la mayor cantidad posible de humanidad: esa es la buena formula.

Contempla el atardecer como si el día debiera morir en él; y la mañana como si en ella nacieran todas las cosas.

Que tu visión sea nueva en todos los instantes.
El sabio es el que se asombra de todo.

Toda tu fatiga cerebral proviene, Natanael, de la diversidad de tus bienes. Ni siquiera sabes cuál prefieres entre todos y no comprendes que el único bien es la vida. El más pequeño instante de vida es más fuerte que la muerte, y la niega. La muerte no es sino el permiso de otras vidas, para que todo sea renovado sin cesar; a fin de que ninguna forma de vida detenga eso más tiempo del que necesita para ser nombrado. Dichoso el instante en que resuena tu palabra. Durante todo el resto del tiempo, escucha; pero cuando hables no escuches.

No me basta con leer que las arenas de las playas son suaves; quiero que mis pies desnudos lo sientan… Me es inútil todo conocimiento que no haya sido precedido de una sensación.

Nunca he visto nada suavemente bello en este mundo si desear en seguida que toda mi ternura lo toque. ¡Oh paisaje en que se ha hundido mi deseo! Región abierta en que mi rebusca se pasea; avenida de papiros que se cierra sobre el agua; cañas curvadas sobre la ribera; aberturas de los claros; aparición de la llanura de la apertura de los ramajes, de la promesa ilimitada. Me he paseado por los pasillos de rocas o de plantas. He visto desarrollarse primaveras.

Volubilidad de los fenómenos

Es cierto que he querido besar toda la risa que he encontrado en los labios; que he querido beber toda la sangre que he encontrado en las mejillas, las lágrimas que he encontrado en los ojos; que he querido morder la pulpa de todos los frutos que han tendido hacia mí las ramas. En cada posada me saludaba un hambre; en cada fuente me esperaba una sed- una sed, ante cada una, particular-; y habría querido otras palabras para marcar mis otros deseos
de marcha, donde se abría un camino;
de descanso, donde la sombra invitaba;
de nado, al borde de aguas profundas;
de amor o de sueño al borde de cada lecho.

He puesto audazmente mi mano sobre cada cosa y me he creído con derecho a cada objeto de mis deseos.