martes, 15 de septiembre de 2009

De pilladas y venganzas


A mí nunca me han llegado a pillar del todo, o al menos conocidos, pero el otro día tuve una conversación con una amiga muy graciosa.

Me contó que estando en casa de su novio, volvieron los padres del cine antes de lo previsto y cómo no la daba tiempo a vestirse se oculto detrás de la puerta.
Con tan mala suerte que el padre entró en la habitación y abrió la puerta de golpe, hostiándola con ella en la cabeza.
Al ver que no se abría bien, el hombre siguió intentándolo a las bravas, mientras seguía arreando a mi pobre amiga, la cual ya no tuvo más remedio que salir de detrás tapándose cómo pudo.

Lo más gracioso viene, en que yo sin saber nada de esto, me vengué por mi amiga cuando pillé al hombre cagando.

Estaba ella y el novio con otros amigos en el salón. Nos disponíamos a salir por la puerta e irnos todos de viaje.
La pega es que yo tengo la manía de que cuando me dispongo a salir de una casa, me gusta pasar por el servicio, no sea que luego me vayan a entrar ganas cuando no tenga ninguno a mano.

Voy confiada de que no fuera a haber nadie y abro la puerta.
A lo que me encuentro al hombre ahí sentado, chiquitito, con su pinta de broker, sus gafitas y leyendo el periódico en la sección de economía.

Me quedé en shock y empecé a balbucear:
-Perdón, lo siento.
Me costó entre 3 y 5 segundos reaccionar y cerrar la puerta. El padre de mi amigo me miraba con cara de conejo asustado.

Regresé dónde los demás, para ser sometida a un riguroso interrogatorio.
-¿Qué te pasa que estás tan roja?
-¿A mí? ....Nada.
-Venga desembucha.
Estuvieron riéndose horas y cada vez que sacaban el tema yo volvía a enrojecer.
Lo pasé bastante mal aunque ahora me ría, lo único bueno es que mi amiga fue vengada.

Después hablamos de respectivos hermanos, que aseguran que no pasarán por casa y los muy capullos acaban apareciendo.