jueves, 16 de julio de 2009

Pegaso



En tiempos muy antiguos, en los albores de nuestra era, los Dioses
hacían y deshacían a su antojo en la vida de los humanos.
También creaban extraños seres cómo unicornios, grifos y gorgonas.
La criatura más pura, nació de la sangre derramada por Medusa cuando Perseo le cortó la cabeza.
Revestido de una nívea blancura, cuerpo de potrillo y dos fuertes alas, su nombre fue “Pegaso”.
Los Dioses menores le adoraban y se pasaban el día jugando con él.

Pegaso creció y un día decidió conocer el mundo terrenal que tanto interés generaba en el Olimpo.
Voló hasta la orilla del riachuelo de un bosque, dónde se puso a dar alegres brincos hasta tropezar con una joven mortal.
Él se acercó con inteligencia en su mirada, le habló al oído, le rozó la piel y le pidió que hasta el amanecer se quedará con él.

Desde entonces cada atardecer siempre aparece con un destello de luna y ella suplica en silencio poder verlo otra vez.
Reza por ser merecedora de sus visitas y porque pueda regresar a su encuentro cada noche; para que Zeus no le requiera para raptar a alguna incauta, para que afrodita no quiera que la lleve a encontrarse con algún amante y sobre todo para que Hefesto, no le rompa el corazón queriendo su compañía en el Inframundo.