De Compras


Me ha dado por pararme a pensar las veces que he ido últimamente a comprar en pareja.
Mejor dicho, que le he acompañado yo a comprar.

En la primera tienda entro con ánimos y empiezan las preguntas.
-¿Te gusta más la camiseta roja o la amarilla?
-La roja.
-Pues a mi más la amarilla.- A lo que me encojo de hombros hasta la siguiente pregunta.

Pasan dos, tres tiendas del mismo centro comercial y ya no entro con tanto júbilo.
-Me han gustado más las chanclas que hemos visto hace media hora en la planta baja.
-Vale vamos pues, que las azules eran muy bonitas.- A ver si dejamos tanta vuelta.
-A mi me han gustado más las marrones.- Ahí estamos con personalidad, el caso es que se decida.

Entramos en más tiendas a mirar pantalones, aquí ya más bien me dejo vagar yendo de un lado a otro sin fijarme nada en la ropa de las perchas.
-Me han gustado estos pantalones cortos.
-Bien, pues pruébatelos.- Sii, por fin algo interesante.

Esta la única parte buena que puede tener acompañar a tu pareja de compras, cuando entra al probador.
En algunos centros comerciales, puede haber suerte y puedes meterte dentro.
Yo cómo tengo muy poquita suerte, siempre me ha tocado quedarme fuera esperando.
La recompensa que tiene es vislumbrar algo de lo que hay dentro, apartando un poco la cortina para cotillear.
-¿Qué tal me quedan estos pantalones?- Pregunta, mientras hace ademán de irse a probar otros.
-Eeem, pff, esto.- Cara de lubina al horno, mientras se me caen babas y más babas.
-Bueno pues sino te gustan, que no dices nada, me pruebo estos otros a ver.

Algunos pensarán que tiene que ser un aburrimiento esto, yo creo que la última parte del probador lo compensa. Eso y que así al pobre no le intentan espiar las dependientas para verlo en pelotas.
Que no es ser celosilla, sino proteger su intimidad.