martes, 23 de junio de 2009

Atontamiento


La foto de la farola viene a cuento con lo que me ha pasado hoy.
Me he comido una farola esta noche de San Juan, que hace mil años que no me pasaba.
Otros habréis saltado hogueras.

Iba yo cogida del brazo de mi chico y tal grado llega mi atontamiento si, que sigue andando hasta que se da cuenta de que no estoy a su lado.
Se da la vuelta y ahí estoy, estampada contra única farola que había en la calle. Que se ve que me he quedado con hambre de la cena y me la he tragado entera (la farola digo).

Pero esto no me ha saciado no, porque horas después me ha vuelto a pasar algo parecido, que debe ser que me anula en sentido de la orientación y el espacio, el poco que tengo de tenerlo cerca.
Igual que un inhibidor de radar, que me le quedo mirando hasta que algo me devuelve a la cruda realidad.
Esta vez ha sido un bolardo, con el que me he dejado las espinillas en un choque frontal en el que casi caigo de boca contra el suelo. Tengo la espinilla derecha en concreto raspada y amoratada del golpazo.

Debo de estar criando una fama de atolondrada colosal, porque el día que me puse un poco de tacón al poco de conocerle para quedar a su altura, también la lié parda.
Ya nada más entrar al vips para cenar, derribé con la rodilla una pila de revistas con suplementos que había en una isleta de productos.
Al salir lo rematé en mitad de la Gran Vía, aquí lo que me pasó es que tropecé con la pata de una valla y casi me caigo encima de ella.

Dentro de lo malo del ridículo total que llevo a rastras, lo bueno es que ve tierna mi patosidad y dice que hasta las farolas tienen la tentación de tocarme. Eso después de estar partiéndose de la risa media hora, eso sí.