martes, 20 de enero de 2009

The sea in a box: Recuperando el toque



No tenía ningún espejo ni nada así por casa y esto es lo que se me ocurrió hacer.
Quería regalar algo que gustara y eso con alguien que no le gusta que le compren nada (igual que a mi), es complicado.
Vi esta caja y la pinté.

La base tiene una especie de espiral rara, que me he inventado sobre la marcha.
El fondo pintado de verdes y azules, con dos piedras transparentes pegadas, se supone que imita al mar.

En teoría echándole mucha imaginación y güasa he regalado el mar dentro de una caja.
Cómo si eso fuera posible.

Sé que soy una mera aficionadilla y que estás cosas no se me dan de fábula, pero dicen que la intención es lo que cuenta.

Y pasar cuatro días pintando algo, esperando que le guste a quién se lo vas a regalar... dando una mano de pintura tras otra, pensando cómo puede quedar mejor, subsanando los errores de pulso que salen sobre la marcha, limpiando los churretones de los pinceles cuando se caen al suelo, medio intoxicarte porque se te cae el vaso de aguarrás y eres cabezona para abrir la ventana con el frío que hace por mucho que no puedas respirar, yo creo que es suficiente buena intención.

Al fin y al cabo es regalar algo que haces tú, no ninguna tienda.
Por eso me preocupaba que no le pudiera gustar, porque conlleva mucho más esfuerzo y habría sido para nada.
Pensaba que sino le gustaba, no quería que se lo quedara sólo por ser amable y si esto sucedía, yo no querría quedármelo porque solo sería trabajo perdido.
Tampoco regalaría nada hecho específicamente para otra persona a otra, me parecería de lo más falso.
Así que lo que tenía pensado hacer, cuando notara la mínima muestra de falsa alegría, era levantarme y tirar el regalo a la basura.

Soy así de drástica, pero cada uno con el resultado de su tiempo y esfuerzo, creo que hace lo que le da la gana.
No tuve que hacer nada, porque al parecer si que le gustó.
También lo he hecho porque con esta persona siempre tengo la impresión de que nunca doy lo suficiente, por más que haga y que tarde o temprano voy a acabar decepcionando.
Es un presentimiento que no sé de dónde viene.
¿No os ha pasado nunca?