lunes, 10 de noviembre de 2008

Con los maaaños y odisea final


Este fin de semana estuve muy bien acompañada en Zaragoza, pero eso me lo reservo para mi y dos personitas muy queridas más.

Cosas que os puedan interesar o ser útiles a vosotros.
En la calle 4 de agosto, en el Tubo, existe un lugar llamado El Plata, tiene sesiones a distintas horas (apunta Miguelo, que fijo que te pilla cerca, si es que no lo has visto ya).
Es un sitio muy raro de espectáculos en plan cachondeo todo, yo nunca había visto uno igual.
Hay streapteasses femeninos y masculinos...porque sino la polla ahora dónde está? (mi frase mítica del sábado).
Además de lo que toque según la hora que sea, tienen hasta guardería canina.

También me gustó el mercadillo de cosas antiguas que ponen el domingo por la mañana pasado el Pilar, en la Alfajería creo, pero no me hagáis mucho caso, que tengo mala memoria para los nombres.
Me compré una cámara de medio formato para mi colección muy chula.


A la vuelta tuvimos un pequeño percance con el coche, yo no conducía, pero notaba que se iba la rueda de atrás, parecía que se iba a salir del eje.
Pudimos parar en una gasolinera y mirarla, si hubiera estado pinchada la habría cambiado cómo más veces y sin problema, pero no...la rueda perfecta, pero le salía un humillo con tufo raro a freno quemado y no rodaba.
Pensamos que se había quedado un freno agarrado, con ayuda del de la grúa que subió el coche con el gato, intenté destrabarla y sí, se movió, pero se iba para dentro y para afuera.
Mi padre (que es quién me daba instrucciones por móvil, no me he vuelto mecánica cómo él mientras dormía) me dijo que ya no se podía hacer más, que entonces eran los rodamientos?

Así que nada, el coche a un depósito y nosotras tiradas a 180km de Madrid, nos bajó un taxista de la compañía del seguro.
Se empeñó en dejarme a mi primero y luego mi amiga, cosa que me mosqueó, la dueña del vehículo averiado en cuestión.
Ella me tenía que hacer una llamada perdida al llegar a su casa, no pudo porque le funciona mal el móvil y dormí mal con pesadillas chungas de cárceles, palizas, etc.
No es que el taxista me diera muy mala espina, pero era de una empresa privada de transporte rara y no tenía el número de licencia en el salpicadero.