El entierro de la imaginación



Últimamente me pregunto si este blog va a desaparecer.
Antes tenía el volumen de publicación de un post diario de lunes a viernes.
Esta cifra ha quedado reducida a un post semanal con suerte, si viene alguna musa a visitarme.
No lo cierro porque me resisto a firmar el entierro de mi imaginación.
¿Dónde ha ido a parar? o ¿Por qué cada día es más intermitente y escasa?
¿Se me acaban las cosas que decir? o ¿Se esfuman las ganas?

Estas son algunas preguntas que me hago y lo único que sé es que he perdido algo importante en el camino.
Aunque aun no sepa qué. ¿Ilusión, esperanza, felicidad? ¿Todas a la vez?
La búsqueda continua, pero las búsquedas internas son las más dificiles.
Porque creo que es complicado y en ocasiones doloroso conocerse profundamente a uno mismo.
Sobretodo cuando no sabes lo que te falta, ni lo que buscas.
Puede que sea la cosa más simple y no por ello la menos importante.
Mi sueño ¿dónde está?

La solución no consiste en ocuparme en cien mil tareas a la vez, porque por mucho que me ocupe, soy capaz de darle vueltas a la cabeza mientras las realizo y la carencia existente va a seguir ahí, ese parche o tirita no la desvanece.
Lo único que consigue es que escriba menos.

Creo que hubo momentos en los que mi imaginación fue tanta que llegué a la luna sin tener naves.
Y di pasos de astronauta por cada una de mis palabras.
Para mí que siguen ahí dentro pero no se porqué se me esconden, cada día más.
Hoy solo se huele su ausencia.

Esta letra nació de una cicatriz, allí dónde mi herida se junta con la vuestra.

Solo decir eso, que sigo aquí, aunque de vez en cuando empecéis a dudarlo, se sigue intentando.
Aun no voy a rendirme.